4º Domingo de Pascua (A)
Juan 10,1-10
Jesús el Buen Pastor


Pastor

Lecturas

Primera lectura – Hechos 2, 14a. 36-41:
El día de Pentecostés, se presentó Pedro, junto con los Once, ante la multitud, y levantando la voz, dijo: “Sepa todo Israel con absoluta certeza, que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús, a quien ustedes han crucificado”.

Salmo Responsorial – Salmo 22:
El Señor es mi pastor, nada me faltará

Segunda lectura – 1 Pedro 2, 20b-25:
Por sus llagas ustedes han sido curados, porque ustedes eran como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus vidas.

Evangelio – Juan 10, 1-10:
Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.


JESÚS ES LA PUERTA
José Antonio Pagola

Jesús propone a un grupo de fariseos un relato metafórico en el que critica con dureza a los dirigentes religiosos de Israel. La escena está tomada de la vida pastoril. El rebaño está recogido dentro de un aprisco, rodeado por un vallado o pequeño muro, mientras un guarda vigila el acceso. Jesús centra precisamente su atención en esa «puerta» que permite llegar hasta las ovejas.

Hay dos maneras de entrar en el redil. Todo depende de lo que uno pretenda hacer con el rebaño. Si alguien se acerca al redil y «no entra por la puerta», sino que salta «por otra parte», es evidente que no es el pastor. No viene a cuidar a su rebaño. Es «un extraño» que viene a «robar, matar y hacer daño».

La actuación del verdadero pastor es muy diferente. Cuando se acerca al redil, «entra por la puerta», va llamando a las ovejas por su nombre y ellas atienden su voz. Las saca fuera y, cuando las ha reunido a todas, se pone a la cabeza y va caminando delante de ellas hacia los pastos donde se podrán alimentar. Las ovejas lo siguen porque reconocen su voz.

¿Qué secreto se encierra en esa «puerta» que legitima a los verdaderos pastores que pasan por ella y desenmascara a los extraños que entran «por otra parte», no para cuidar del rebaño, sino para hacerle daño? Los fariseos no entienden de qué les está hablando aquel Maestro.

Entonces Jesús les da la clave del relato: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas». Quienes entran por el camino abierto por Jesús y le siguen viviendo su evangelio son verdaderos pastores: sabrán alimentar a la comunidad cristiana. Quienes entran en el redil dejando de lado a Jesús e ignorando su causa son pastores extraños: harán daño al pueblo cristiano.

En no pocas Iglesias estamos sufriendo todos mucho: los pastores y el pueblo de Dios. Las relaciones entre la jerarquía y el pueblo cristiano se viven con frecuencia de manera recelosa, crispada y conflictiva: hay obispos que se sienten rechazados; hay sectores cristianos que se sienten marginados.

Sería demasiado fácil atribuirlo todo al autoritarismo abusivo de la jerarquía o a la insumisión inaceptable de los fieles. La raíz es más profunda y compleja. Hemos creado entre todos una situación difícil. Hemos perdido la paz. Vamos a necesitar cada vez más a Jesús.

Hemos de hacer crecer entre nosotros el respeto mutuo y la comunicación, el diálogo y la búsqueda sincera de verdad evangélica. Necesitamos respirar cuanto antes un clima más amable en la Iglesia. No saldremos de esta crisis si no volvemos todos al espíritu de Jesús. Él es «la puerta».

José Antonio Pagola
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Jesús como el Buen Pastor

Este IV Domingo del Tiempo Pascual nos permite profundizar en Jesús como el Buen Pastor y a nosotros como ovejas de su rebaño. Es un tema que ha alimentado la fe y la devoción de los cristianos a lo largo de los siglos. Los primeros cristianos no se atrevían a pintar a Jesús crucificado; sin embargo, en las pinturas de las catacumbas y en los sarcófagos paleocristianos es muy común encontrar representaciones de Jesucristo con una oveja sobre sus hombros. Los presbiterios de las antiguas Basílicas suelen estar decorados con mosaicos que representan dos filas de ovejas acercándose a beber de una fuente. La imagen de Jesús Pastor es tan rica, que nos ayuda a comprender su identidad, su misión y su relación con el Padre y con nosotros.

Hoy se celebra la LVI jornada mundial de oración por las vocaciones, cuyo tema es: La valentía de arriesgar la vida por  la promesa de Dios. La Liturgia nos presenta como centro de nuestra celebración la figura de Jesús que habla de sí mismo como buen Pastor. Su presencia resucitada en medio de sus Apóstoles nos invita a orar y pedir por los Pastores: Papa Francisco, Obispos, Sacerdotes, y por todos los que se preparan para la vida sacerdotal Y religiosa, por las familias que promueven la cultura vocacional con amor por la Iglesia.

El texto de Jesús Buen Pastor debe ser leído y meditado a la luz del capitulo 34 del profeta Ezequiel que anuncia un pastor que en nombre de Dios hará alianza con su pueblo. Quien es el verdadero pastor? El que se sacrifica por la comunidad. Jesús también es ”puerta”, pues su Palabra conduce a la vida nueva, a la verdad, a la misión.

Él nos dice: Yo soy el Buen Pastor, conozco mis ovejas y ellas me conocen, Yo soy la puerta de las ovejas, Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia. Esta conclusión ilumina todo el texto que se divide en dos partes, la primera habla del pastor y del ladrón: Jn. 10,1- 6. El pastor que es el dueño de las ovejas entra por la puerta; las ovejas conocen su voz y lo siguen, mientras el extraño no lo reconocen. Quien lo está escuchando no comprende que Jesús habla de sí mismo. En la segunda parte: Jn. 10, 7- 10 Jesús se declara diciendo: “Yo soy la puerta se las ovejas”, Quien vino antes de Él, ha pasado por otra parte, por eso es un ladrón y brigante, en fin la contraposición!: el ladrón viene a robar y a asesinar; en vez Jesús ha venido para darnos vida y vida en abundancia, vino para conocer y para guiar, El dona la salvación.

Jesús es la Puerta, es decir sacramento principal del cual nos da toda gracia, en una palabra Él es nuestra Pascua= pasaje; es por medio de Él que la vida de Dios desciende a nosotros del Padre; y es por medio de Él que nuestra respuesta sale al Padre; y es en la Iglesia que, guiada por los pastores, continua su presencia salvadora.
Dios quiere encontrar al hombre porque ha venido allí, donde el hombre le busca. Como padres, educadores, sacerdotes, religiosos, animadores y hermanos ¿estamos dispuestos a entregar nuestras capacidades, nuestro tiempo, nuestra propia vida por los que están a nuestro cargo?
Jesús no llama con palabras aduladoras. Nos dice: el que quiera seguirme, que tome su cruz de cada día y me siga. Su amor y su bondad nos acompañan todos los días de nuestra vida.

https://www.figliedellachiesa.org


SEÑOR Y MESÍAS, MODELO,
PUERTA DEL APRISCO
José Luis Sicre

Los cuatro títulos iniciales resumen lo que afirman de Jesús: que es Señor y Mesías lo dice Pedro en el libro de los Hechos (1ª lectura); como modelo a la hora de soportar el sufrimiento lo propone la 1ª carta de Pedro (2ª lectura); puerta del aprisco es la imagen que se aplica a sí mismo Jesús en el evangelio de Juan. En resumen, las lecturas nos proponen una catequesis sobre Jesús, lo que significó para los primeros cristianos y lo que debe seguir significando para nosotros.

No quedarnos en el próximo domingo, mirar hasta el 7º

Cabe el peligro de vivir la liturgia de las próximas semanas sin advertir el mensaje global que intentan transmitirnos las lecturas dominicales: pretenden prepararnos a las dos grandes fiestas de la Ascensión y Pentecostés, y lo hacen tratando tres temas a partir de tres escritos del Nuevo Testamento.

  1. La iglesia (1ª lectura, de los Hechos de los Apóstoles). Se describe el aumento de la comunidad (4º domingo), la institución de los diáconos (5º), el don del Espíritu en Samaria (6º), y cómo la comunidad se prepara para Pentecostés (7º). Adviértase la enorme importancia del Espíritu en estas lecturas.
  2. Vivir cristianamente en un mundo hostil (2ª lectura, de la Primera carta de Pedro). Los primeros cristianos sufrieron persecuciones de todo tipo, como las que padecen algunas comunidades actuales. La primera carta de Pedro nos recuerda el ejemplo de Jesús, que debemos imitar (4º domingo); la propia dignidad, a pesar de lo que digan de nosotros (5º); la actitud que debemos adoptar ante las calumnias (6º), y los ultrajes (7º).
  3. Jesús (evangelio: Juan). Los pasajes elegidos constituyen una gran catequesis sobre la persona de Jesús: es la puerta por la que todos debemos entrar (4º); camino, verdad y vida (5º); el que vive junto al Padre y con nosotros (6º); el que ora e intercede por nosotros (7º).

Jesús, Señor y Mesías (Hechos 2,14a.36-41)

Esta lectura tiene interés especial desde un punto de vista histórico y catequético. Según Lucas, el grupo de seguidores de Jesús (120 personas) experimentó un notable aumento el día de Pentecostés. Después de cincuenta días de miedo, silencio y oración, el Espíritu Santo impulsa a Pedro a dirigirse a la gente presentando a ese Jesús al que habían rucificado, constituido Señor y Mesías por Dios. El pueblo, conmovido, pregunta qué debe hacer, y Pedro los anima a convertirse y bautizarse en nombre de Jesucristo. (…)

Jesús modelo (1 Pedro 2,20b-25)

En la segunda mitad del siglo I, los cristianos eran a menudo insultados, difamados, perseguidos, se confiscaban a veces sus bienes, se los animaba a apostatar… En este contexto, la 1ª carta de Pedro los anima recordándoles que ese mismo fue el destino de Jesús, que aceptó sin devolver insultos ni amenazas: «Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas». Al final de esta lectura encontramos la imagen de Jesús como buen pastor («Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas»). Pero este no es el tema principal del evangelio, que introduce un cambio sorprendente.

Jesús, puerta del aprisco (Juan 10,1-10)

El autor del cuarto evangelio disfruta tendiendo trampas al lector. Al principio, todo parece muy sencillo. Un redil, con su cerca y su guarda. Se aproxima uno que no entra por la puerta ni habla con el guarda, sino que salta la valla: es un ladrón. En cambio, el pastor llega al rebaño, habla con el guarda, le abre la puerta, llama a las ovejas, ellas lo siguen y las saca a pastar. Lo entienden hasta los niños.

Sin embargo, inmediatamente después añade el evangelista: “ellos no entendieron de qué les hablaba”. Muchos lectores actuales pensarán: “Son tontos. Está clarísimo, habla de Jesús como buen pastor”. Y se equivocan. Eso es verdad a partir del versículo 11, donde Jesús dice expresamente: “Yo soy el buen pastor”. Pero en el texto que se lee hoy, el inmediatamente anterior (Juan 10,1-10), Jesús se aplica una imagen muy distinta: no se presenta como el buen pastor sino como la puerta por la que deben entrar todos los pastores (“yo soy la puerta del redil”).

Con ese radicalismo típico del cuarto evangelio, se afirma que todos los personajes anteriores a Jesús, al no entrar por él, que es la puerta, no eran en realidad pastores, sino ladrones y bandidos, que sólo pretenden “robar y matar y hacer estrago”.

Resuenan en estas duras palabras un eco de lo que denunciaba el profeta Ezequiel en los pastores (los reyes) de Israel: en vez de apacentar a las ovejas (al pueblo) se apacienta a sí mismos, se comen su enjundia, se visten con su lana, no curan las enfermas, no vendan las heridas, no recogen las descarriadas ni buscan las perdidas; por culpa de esos malos pastores que no cumplían con su deber, Israel terminó en el destierro (Ez 34).

La consecuencia lógica sería presentar a Jesús como buen pastor que da la vida por sus ovejas. Pero eso vendrá más adelante, no se lee hoy. En lo que sigue, Jesús se presenta como la puerta por la que el rebaño puede salir para tener buenos pastos y vida abundante.

En este momento cabría esperar una referencia a la obligación de los pastores, los responsables de la comunidad cristiana, a entrar y salir por la puerta del rebaño: Jesús. Todo contacto que no se establezca a través de él es propio de bandidos y está condenado al fracaso (“las ovejas no les hicieron caso”). Aunque el texto no formula de manera expresa esta obligación, se deduce de él fácilmente.

En realidad, esta parte del discurso termina dirigiéndose no a los pastores sino al rebaño, recordándole que “quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”.

Ya que es frecuente echar la culpa a los pastores de los males de la iglesia, al rebaño le conviene recordar que siempre dispone de una puerta por la que salvarse y tener vida abundante.

José Luis Sicre
http://www.feadulta.com


El Buen Pastor llama a otros
a ser pastores buenos
Romeo Ballan, MCCJ

El cuarto domingo de Pascua es el “Domingo del Buen Pastor”, por el pasaje del Evangelio de hoy. El Buen Pastor es la primera imagen utilizada por los cristianos en las catacumbas para representar a Jesucristo, muchos siglos antes de la imagen del crucifijo. La razón de esta antigüedad radica ciertamente en la riqueza bíblica de la imagen del ‘pastor’ ya en el Antiguo Testamento (cfr. Éxodo, Ezequiel, Salmos…). Jesús se ha identificado con el pastor: Yo soy el buen pastor. El evangelista Juan lo presenta con abundantes expresiones que indican la relación vital entre el pastor y las ovejas: entrar-salir, abrir, llamar-escuchar, conducir, caminar-seguir, conocer, pacer… Hasta la identificación de Jesús con la ‘puerta’ (v. 7.9); puerta de salvación, que significa ‘vida en abundancia’ (v. 9.10). En efecto, Jesús se autodefine como el buen pastor que entrega su vida por las ovejas (v. 11). Es interesante notar que el texto griego emplea un sinónimo: el pastor hermoso (v. 11.14), es decir, bueno, perfecto, que reúne en sí la perfección estética y ética.

Él ofrece su vida por todos: Él tiene también otras ovejas a las que debe recoger, hasta formar un solo rebaño con un solo pastor (v. 16). Él no renuncia a ninguna de ellas, aunque estén lejos o no le conozcan: todas tienen que entrar por la puerta que es Él mismo, porque Él es el único Salvador. La misión de la Iglesia se mueve entre estos parámetros de oblación y de universalidad: vida ofrecida por todos, la perspectiva del único rebaño, la vida en abundancia… Aunque la grey sea numerosa, nadie queda perdido en el anonimato, nadie sobra, antes bien las relaciones son personales e íntimas: el pastor conoce a sus ovejas, las llama a cada una por el nombre y las saca fuera (v. 3).

Jesús habla de un pastor que no explota las ovejas, sino que las ayuda a vivir ‘en abundancia’; Él critica duramente la conducta de los jefes religiosos del Templo. En ese contexto, Jesús por dos veces subraya el hecho de que el pastor saca las ovejas ‘fuera’ del recinto (v. 3-4). Es decir, fuera del atrio-recinto del Templo. Porque Jesús se encontró con una religión que no hacía libres a las personas, sino esclavas: esclavas de reglas y leyes, esclavas del poder religioso de escribas, fariseos y sacerdotes, que Jesús llama ‘mercaderes del templo’. Jesús no quiere explotadores, guetos y divisiones. Jesús no está en contra del templo como tal, sino que lo quiere libre de todo tipo de ‘mercaderes’. Solo así el templo continúa siendo un lugar importante para encontrar a Dios, escuchar su Palabra, celebrar la Eucaristía, orar juntos al Padre… Todo ello para recibir luz y fuerza para luego salir y encontrar a Dios en la historia, en la vida diaria, el trabajo, la familia, la enfermedad, la diversión… Para sembrar en todas partes alegría y esperanza.

Jesús se opone a ese poder que a través de la religión deshumanizaba a las personas. El Dios de Jesucristo no quiere mujeres y hombres esclavos, sinolibres, autónomos, responsables; gozosos de “adorar al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 4,23); prontos en hacer comunión con los demás, generosos en servir a los más necesitados. En este nuevo estilo de vida, inaugurado por Jesús, se comprende la otra bella imagen bajo la cual se presenta Jesús: “Yo soy la puerta” (v. 7.9). La puerta de la vida nueva: a través de Él se establece un nuevo estilo de relaciones con Dios, consigo mismo, los demás, la cultura y la política, el cosmos, e incluso la vida eterna… Jesús es la puerta que nos regala la posibilidad degustar verdaderamente la vida. Él afirma claramente: “Yo he venido para que tengan la vida y la tengan en abundancia” (v.10). En el centro de su Evangelio Jesús pone la vida; aun antes del pecado. Él ha venido para darnos la vida, para enseñarnos a vivir: amándonos unos a otros como Él mismo nos ha amado.

El amor apasionado con que el Buen Pastor ofrece su vida por las ovejas aparece en las dos lecturas. Pedro el día de Pentecostés (I lectura) predica e invita a la conversión, al bautismo y a recibir el don del Espíritu Santo (v. 38); asimismo, en su carta, Pedro (II lectura) se inspira en el cuarto cántico del Siervo (Is 53): Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo, para que sigamos sus huellas (v. 21); sus heridas nos han curado. La familia humana, descarriada y errante por causa del pecado, ha encontrado salvación y unidad en Cristo, pastor y guardián de la vida de todos (v. 25).

Seguir las huellas del Buen Pastor es la invitación y el objetivo que se propone la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebra hoy: el Señor sigue llamando también a otros a compartir su destino y su misión para la vida de toda la familia humana. Aun a riesgo de sufrir persecuciones violentas, como en el caso frecuente de los misioneros mártires. En el mensaje para la Jornada de hoy, el Papa Francisco invita a los llamados, a confiar siempre en el Dios que nos llama, porque Él está presente y nos acompaña también en la oscura noche de tempestad.

Las vocaciones de especial consagración (sacerdocio, vida consagrada, vida misionera, servicios laicales…) encuentran solidez, gozo y libertad interior (Jn 10,9) en la experiencia personal de sentirse amado y llamado por Alguien que existe antes que nosotros. Se trata de una experiencia fundante, la misma que el teólogo protestante K. Barth, superando el idealismo cartesiano, expresa así: “Cogitor, ergo sum” (soy pensado, luego existo). El Salmo 22 expresa, con lenguaje de alta poesía, la seguridad y la tranquilidad interior del que pone su confianza plena en el Señor, el Buen Pastor (Salmo responsorial). El Papa Francisco expresa esta seguridad en términos vitales y vocacionales: “Soy amado, luego existo; he sido perdonado, entonces renazco a una vida nueva” (Misericordia et misera, n. 16). Este es el camino para una vocación segura, radical y duradera.


Introducción

Al faraón que les pregunta cuál era su trabajo, los hermanos de José le responden: “Tussiervos son pastores de ovejas; nuestros padres también” (Gen 47,3). Los patriarcas eran pastores. Moisés cuidaba rebaños y David fue llamado precisamente cuando iba detrás de las ovejas entre los pastizales (cf. 1 Cr 17,7). 

En todo el antiguo Medio Oriente, el soberano que cuidaba de su pueblo era representadocomo un pastor. En las inscripciones mesopotámicas, “apacentar” se usaba comúnmente en el sentido de “gobernar”. El faraón era llamado: “Pastor de todas las gentes”, “Pastor que cuida de sus súbditos” y, como símbolo de su poder, llevaba en su mano un bastón en forma de cayado.

En Israel, esta imagen del pastor se aplicaba a los jefes militares y políticos, y también a Dios. Es conmovedora la invocación: “Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como un rebaño”(Sal 80,2). Y es deliciosa la sensación de seguridad que comunica el célebre canto: “El Señor es mi pastor, nada me falta…” (Sal 23,1).  

Sorprende, sin embargo, que en ningún texto del Antiguo Testamento el rey en funciones sea designado como “pastor”. Este título estaba reservado para un único rey: el futuro Mesías,descendiente de David. Después de haber pronunciado palabras severas de condena contra los soberanos que han llevado el pueblo a la ruina, el Señor promete asumir Él mismo el oficio de pastor, congregar el rebaño disperso, conducirlo a los pastizales… Y anuncia: “Les daré un pastor único que las pastoree… Yo, el Señor, seré su Dios y mi siervo David, príncipe en medio de ellos” (Ez 34,23-24).

La profecía se ha cumplido en Jesús.

Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 2,14a.36-41

14Pedro se puso de pie con los Once y levantando la voz les dirigió la palabra:…. 36”Por tanto, que todo el pueblo de Israel reconozca que a este Jesús crucificado por ustedes Dios lo ha nombrado Señor y Mesías.” 37Lo que oyeron les llegó al corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: “¿Qué debemos hacer, hermanos?” 38Pedro les contestó: “Arrepiéntanse y háganse bautizar invocando el nombre de Jesucristo, para que se les perdonen los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. 39Porque la promesa ha sido hecha para ustedes y para sus hijos y para todos aquellos que están lejos, a quienes llamará el Señor nuestro Dios.” 40Y con otras muchas razones les hablaba y los exhortaba diciendo: “Pónganse a salvo, apártense de esta generación malvada.” 41Los que aceptaron sus palabras se bautizaron y aquel día se incorporaron unas tres mil personas.

Continúa en la lectura de hoy el discurso de Pedro iniciado el domingo pasado. Ha presentado al pueblo de Jerusalén la vida de Jesús (…un hombre que ha pasado haciendo el bien a todos), después ha dirigido a sus oyentes una grave acusación: “Ustedes lo crucificaron y le dieron muerte por medio de gente sin ley” (v. 23),y, finalmente, ha recordado la acción de Dios que glorificó a su siervo fiel, resucitándolo de la muerte. En este punto del discurso comienza la lectura: “Que todo el pueblo de Israel reconozca que a este Jesús crucificado por ustedes, Dios lo ha nombrado Señor y Mesías (v. 36).

Al oír estas palabras los presentes toman conciencia del error cometido, sienten el “corazón traspasado” por el arrepentimiento y buscan una solución a su drama interior. No encontrándola, dirigen a los Apóstoles una apasionada petición: “Hermanos, ¿qué debemos hacer?” (v. 37). Es la expresión de su total disponibilidad a seguir sin condiciones el camino que el Señor querrá mostrarles.

La palabra de Dios es siempre una denuncia del pecado y una invitación a la renovación, a la conversión; es “más penetrante que una espada de dos filos” (Heb 4,12), “traspasa el corazón”(v. 37) y pone al desnudo toda debilidad, toda maldad, todo error. Frente a esta Palabra, la única actitud honesta es la escucha humilde, la disponibilidad a dejarse cuestionar, a cambiar, a renegar los errores del pasado e iniciar una vida nueva. La respuesta de Pedro presenta las tres etapasque señalan el camino de la Salvación: la conversión de la vida pasada y de los errores cometidos, el bautismo y la alegría de acoger el don del Espíritu (v. 38).

Segunda Lectura: 1 Pedro 2,20b-25

Queridos hermanos,…20b”pero si, haciendo el bien, tienen que aguantar sufrimientos, eso es una gracia de Dios. 21Ésa es su vocación, porque también Cristo padeció por ustedes, dejándoles un ejemplo para que sigan sus huellas. 22No había pecado ni hubo engaño en su boca; 23cuando era insultado no respondía con insultos; padeciendo, no amenazaba; más bien se encomendaba a Dios, el que juzga con justicia. 24Él llevó sobre la cruz nuestros pecados cargándolos en su cuerpo, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus cicatrices nos sanaron.25Antes andaban como ovejas extraviadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus almas.

Continúa la exhortación de Pedro a los nuevos bautizados. A mitad de su discurso siente la necesidad de afrontar un problema social particularmente delicado: las relaciones entre dueños o patrones y esclavos. Tiene que abordarlo porque entre los nuevos bautizados hay personas nobles y pudientes, pero hay también muchos esclavos. Algunos de estos, particularmente afortunados, dependen de amos buenos y compasivos. A otros, sin embargo, les ha tocado gente dura, maleducada, arrogante, y patronas altaneras e insolentes. A la prepotencia de los amos, se agregan las vejaciones y abusos por parte de los compañeros de esclavitud que se ceban justamente en los cristianos quienes, después del bautismo, han roto con las antiguas costumbres y han asumido un estilo de vida irreprensible.  

¿Cómo comportarse con quien provoca, ofende, maltrata y abusa? ¿Debe uno revelarse? ¿Se puede reaccionar recurriendo a la violencia?  

La respuesta del predicador hace referencia a Jesús y al modo con que Jesús ha dado una respuesta a la injusticia: en vez de doce discípulos llenos de miedo, podía contar con doce legiones de ángeles; sin embargo, se ha entregado, inerme, a quienes habían venido a arrestarlo con espadas y palos (cf. Mt 26,47); ha condenado el uso de la espada como medio de restablecer la justicia (cf. Mt 26,53); ha llamado “amigo” a Judas en el momento en que lo entregaba en manos de los enemigos (cf. Mt 26,50) y ha perdonado en la cruz a aquellos que lo estaban matando (cf. Lc 23,34). El predicador resume el comportamiento de Jesús refiriéndose al famoso texto del profeta Isaías que presenta al Siervo Fiel: “No había cometido crímenes ni había engaño en su boca” (Is 53,9). Y continúa: “Cuando era insultado, no respondía con insultos;padeciendo no amenazaba” (v. 23)

Estas decisiones radicales del Maestro dejan al discípulo un único camino abierto, claro einequívoco: el del perdón, el del amor sin condiciones. Nada hay más contrario al mensaje de Jesús que el uso de la violencia. Para construir un mundo nuevo en el que reine la justicia, la paz, el amor, el cristiano puede emplear solamente los medios propuestos por Cristo, nunca aquellos que el mismo Cristo ha rechazado explícitamente. 

La lectura concluye con una imagen que resume de un modo vivo este mensaje: “Antes andaban como ovejas descarriadas; ahora han vuelto al Pastor y guardián de sus vidas”. Pertenecer al rebaño de Jesús Pastor significa seguir sus huellas, renunciar a los odios, rencores,venganzas, y hacer propios sus sentimientos y sus gestos de amor. 

Evangelio: Juan 10,1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: 1”Les aseguro: el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y asaltante. 2El que entra por la puerta es el pastor del rebaño. 3El cuidador le abre, las ovejas oyen su voz, él llama a las suyas por su nombre y las saca. 4Cuando ha sacado a todas las suyas, camina delante de ellas y ellas lo siguen porque reconocen su voz. 5A un extraño no lo siguen, sino que escapan de él, porque no reconocen la voz de los extraños.” 6Ésta es la parábola que Jesús les propuso, pero ellos no entendieron a qué se refería. 7Entonces, les habló otra vez: “Les aseguro que yo soy la puerta del rebaño. 8Todos los que vinieron [antes de mí] eran ladrones y asaltantes; pero las ovejas no los escucharon. 9Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos. 10El ladrón no viene más que a robar, matar y destrozar. Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia.”

El cuarto domingo de Pascua es conocido como el ‘Domingo del Buen Pastor‘ porque en cada uno de los tres años del ciclo litúrgico se propone un pasaje del capítulo 10 del evangelio deSan Juan. Hoy se presenta la primera parte de este capítulo (vv. 1-10) donde el tema de Jesús, Buen Pastor, no se desarrolla sino que solamente es mencionado; la imagen central, en efecto, es la de la puerta (v. 7). A esta imagen se añaden otras: el recinto, los ladrones, los bandidos, el guardián, los extraños. ¿Quiénes son, qué representan, cuál es el significado de la “comparación”?

Introduzcamos una nota explicativa sobre los usos y costumbres de los pastores de Palestina. El redil era un recinto rodeado de un muro de piedra sobre el que se colocaban haces de espinas o se dejaban crecer cardos espinosos para impedir que las ovejas salieran y que los ladrones entraran. El redil podía construirse delante de una casa o bien en campo abierto, en la ladera de una montaña; en este caso, era utilizado generalmente por varios pastores que recogían allí sus ovejas durante la noche; uno de ellos hacía la guardia mientras los otros dormían.  

Decir –como hace Lucas en el relato del nacimiento de Jesús (cf. Lc 2,8)– que quien montaba la guardia “velaba” o vigilaba, no es del todo exacto. En realidad, armado de un bastón, se situaba delante de la entrada del redil (que no tenía puerta), se acurrucaba y, en esta posición, obstaculizando el acceso, se convertía él mismo en “puerta”. Generalmente dormitaba, pero su presencia era suficiente para disuadir a los predadores de acercarse al redil e impedir a los lobos entrar en el recinto. Solo podía acercarse a las ovejas aquel a quien el pastor de guardia dejaba pasar.

Por la mañana, cuando cada pastor se acercaba a la entrada, las ovejas reconocían inmediatamente el paso y la voz, se alzaban y lo seguían, seguras de ser conducidas a pastizales de hierbas frescas y a oasis de aguas puras y abundantes. Lo seguían porque se sentían amadas y protegidas; el pastor nunca las había traicionado ni desilusionado. Partiendo de esta experiencia de vida de su pueblo, Jesús compone una parábola que no es inmediatamente clara: en ella se acumulan y yuxtaponen imágenes enigmáticas incluso para los mismos judíos (v. 6) Comencemos por dividirlas en dos partes. 

En la primera (vv.1-6) aparece la figura del verdadero pastor. El comienzo del relato es más bien duro y provocativo. Contiene misteriosas alusiones a peligros, enemigos, agresores: “El que no entra por la puerta del corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y un asaltante” (v. 1); a continuación, entra en escena el pastor verdadero. La característica que lo distingue es la ternura: conoce a sus ovejas por su nombre y las va llamando “una a una”.  

Para Jesús no existen las masas anónimas; Él se interesa por cada uno de sus discípulos, lleva la cuenta de las cualidades y debilidades de cada uno. Contempla alegre los cabritos que, jóvenes y ágiles, saltan y corren delante de todos. Pero su solicitud y sus cuidados son para los más débiles del rebaño: “Toma en brazo a los corderos y hace recostar a las madres” (Is 40,11). Comprende sus dificultades, no fuerza los tiempos, no impone ritmos insostenibles; evalúa las condiciones de cada uno; ayuda y respeta. En contraposición a este pastor, aparecen los ladrones y bandidos. ¿Quiénes son? ¿Cómo reconocerlos? ¿A quiénes se refiere Jesús?

No faltaban “pastores” en su tiempo. Estaban los jefes religiosos y políticos que se tenían por guías comprometidos para el bien del pueblo, pero que en realidad buscaban solamente supropio interés; su objetivo era el poder, el dominio, el prestigio personal, la explotación; sus métodos, la violencia y la mentira.  

No eran pastores auténticos. Por eso un día Jesús se conmovió frente a la muchedumbre que lo seguía “porque eran como ovejas sin pastor”; los condujo afuera, los hizo acomodar sobre la “hierba verde” y les proporcionó en abundancia el pan y el alimento de su Palabra (cf. Mc 6,34-44).

Es de notar, en esta primera parte del pasaje evangélico, la insistencia sobre la “voz del pastor” que es “escuchada” (v. 3), “reconocida” (v. 4) e inmediatamente distinguida de la de los extraños. Aún después de la Resurrección, Jesús será reconocido por su voz.  

Los discípulos se verán engañados por sus propios ojos: verán a Jesús como caminante; como fantasma (cf. Lc 24,15.37), como pescador (cf. Jn 21,4)… Pero el oído nunca los engañará:su voz, para ellos, será inconfundible.

Hoy esta voz continúa resonando nítida y viva en la palabra del Evangelio. Es la única que resulta familiar al discípulo; las otras que se superponen, aunque fuertes e insistentes, les resultan extrañas.

Quien es “instruido por el Espíritu” es capaz de distinguir, en medio del bullicio de tantas otras voces, la del Pastor, y huye cuando oye el paso de ladrones y predadores, es decir, de los impostores que vienen solo para arrastrar al discípulo por caminos de muerte.  

En la segunda parte del pasaje (vv. 7-10) Jesús se presenta, primero, como la “puerta de las ovejas”, después como “la puerta”. Si se tiene presente la aclaración hecha al comienzo, podemos decir que él es el Guardián que se posiciona en la entrada del redil como “puerta”. La puerta tiene una doble función: deja pasar a los de casa e impide el ingreso a los extraños. Son estas dos funciones las que vienen explicadas por Jesús en sendas alegorías.

Él es el que decide quién puede tener acceso a las ovejas y quién debe permanecer alejado del rebaño (vv. 7-8). Puede pasar y es reconocido como buen pastor quien ha asimilado los mismos sentimientos y las mismas disposiciones de Jesús respecto a las ovejas; quien estádispuesto a dar la vida como Él la ha dado. Los ladrones y bandidos son aquellos que han venido antes que él (v. 8). Ciertamente Jesús no se refería a los profetas y justos del Antiguo Testamento.  

Ladrones eran los jefes religiosos y políticos de su tiempo que explotaban, oprimían y causaban toda clase de sufrimientos al pueblo. Bandidos eran los revolucionarios que querían construir una sociedad más libre y más justa; cultivaban ideales nobles, pero recurrían a métodos erróneos, fomentando el odio al enemigo, predicando el recurso a la violencia, proponiendo el uso de las armas. Quien actúa de este modo no tiene los mismos sentimientos ni las mismas disposiciones de Jesús: no pasa a través de la puerta.  

En el último versículo (v. 10), se retoma esta contraposición. En un dramático crescendo se describe las obras del ladrón: roba, mata, destruye. Tres verbos que resumen la obra de la muerte. Quienquiera que se acerca al hombre para quitarle la vida es un “ladrón” y está del lado del maligno; es “hijo del diablo” que fue “homicida desde el principio” (Jn 8,44). El comportamiento del pastor es lo opuesto: viene a dar vida y vida en abundancia.

A través de la puerta no pasan solamente los pastores sino que entran y salen las ovejas. Jesús se presenta como la puerta también en este sentido (v. 9). Solo quien pasa a través de Él tiene acceso a pastos jugosos, encuentra el “pan que sacia” (Jn 6) y el “manantial que brota dando vida eterna” (Jn 4); obtiene la Salvación.

Jesús es una puerta estrecha (cf. Mt 7,14) porque pide la renuncia a uno mismo, el amor desinteresado a los demás. Pero Él es el único que conduce a la vida; todas las demás puertas son trampas, agujeros que se abren sobre precipicios de muerte: “Es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella” (Mt 7,13).

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