ADVIENTO
Un tiempo para soñar

Adviento es un tiempo para soñar.

1. Zacarías

Zacarías significa en hebreo: Dios se ha acordado. Isabel significa: Dios ha jurado. Gabriel significa: Dios es mi fuerza generadora

El evangelio de Lucas comienza en el templo de Jerusalén y termina con los apóstoles en el templo después de la ascensión de Jesús. Lucas quiere subrayar a la vez la continuidad de la Nueva Alianza con la Antigua, y la ruptura, la novedad radical.

El evangelio de la infancia de Lucas está narrado como un díptico. En paralelo vemos dos anunciaciones, la de Zacarías y la de María; el encuentro de las dos madres; los dos nacimientos de los niños; los dos cánticos de las personas anunciadas: el Benedictus de Zacarías y el Magnificat de María; las dos observaciones de cómo ambos niños crecían.

Pero hay diferencias notables en los dos tableros del díptico: Zacarías e Isabel son muy ancianos. Zacarías está en el templo en un contexto sacral, y es sacerdote. Al principio no cree. Queda mudo y sólo canta después del nacimiento de su hijo. La concepción de Isabel es milagrosa dada su ancianidad, pero es fruto natural de su vida conyugal. Su hijo será sólo el precursor. Contrasta estos datos con lo que sucede en la anunciación de María.

La ancianidad y esterilidad de los primeros personajes quiere representar la situación del pueblo de Israel. Es un pueblo viejo heredero de pasadas glorias pero que vive ahora en una situación de extrema dureza. Un pequeño resto se ha mantenido fiel al cumplimiento de la Ley y ha seguido esperando en las promesas de Dios. Pero es estéril, no puede por sí mismo aportar la salvación que espera. Dios va a irrumpir de un modo sorprendente en sus vidas mientras realizan su liturgia rutinaria, suponiendo que todo iba terminar como de costumbre.

El relato de “anunciación de nacimiento” es un género literario estereotipado en la Biblia que incluye: aparición de un mensajero celeste, saludo, reacción psicológica, misión, objeción, respuesta a la objeción, signo. Compara ambas anunciaciones con la de la madre de Sansón (Jc 13,2-25).

¿Cómo resuena este relato en tu vida? ¿Has recibido alguna vez alguna promesa de Dios? ¿Cómo reaccionas cuando esa promesa tarda en cumplirse? ¿Sigues frecuentando tus rutinas religiosas aunque a veces parezcan estériles? ¿En qué medida te sientes, viej@, cansad@ y estéril? ¿Alguna vez has tenido alguna anunciación? ¿Cómo fue? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿En qué se parece a la de Zacarías y en qué fue distinta? ¿Qué fue lo que se te prometió entonces? ¿Compáralo con las cosas que se anuncian acerca de aquel niño. Si estás casad@, relee esta lectura en pareja y formula todas las preguntas en plural.

Si todavía no has tenido una anunciación ¿cómo te sientes ante la posibilidad de que Dios un día te anuncie algún proyecto para tu vida? ¿Descartas del todo el que pueda suceder? ¿Te sientes decepcionad@ de que nunca te haya pasado nada parecido? Imagínate cómo podría tener lugar. ¿Qué sentirías: miedo, turbación, desconcierto, entusiasmo, desconfianza? ¿Creerías en ello o pensarías que todo han sido fantasías de tu imaginación? ¿Cómo se lo explicarías a la gente?

2. Los Sueños

Hay salmos que contrastan las promesas y el bienestar del pasado con la realidad deficiente de hoy: Salmos 77 y 80; Dn 3,37.

Lo importante es tener sueños, aunque se muevan en el terreno de la utopía. como las grandes profecías del Adviento: león y cordero, las espadas transformadas en arado y las lanzas en podaderas.

No hay que eliminar la dimensión utópica de la vida. Contempla las estrellas, pero no dejes que se apague el fuego de tu hogar.

Recordemos a los grandes soñadores. Los Josés del Antiguo y Nuevo Testamento.

Dichosos los que tienen sueños y están dispuestos a pagar el precio para que se hagan realidad.

Soy alto de mirar a las palmeras. (Miguel Hernández). Necesitamos mirar hacia algo que esté por encima de nosotros, que nos atraiga y nos ayude a trascender nuestra realidad. Modelos utópicos, quizás, pero puntos de referencia.

Nunca conseguiremos realizar de adultos nada con lo que no hayamos soñado de niños. Anécdota del chico que tiraba piedras para dar a la luna. Nunca llegó a darle, pero ciertamente fue el chico del pueblo que tiraba las piedras más alto.

El número de las cosas reales es mayor que el de las posibles. La realidad desborda la fantasía. No pongamos límite a la fantasía de Dios.

Lánzate a volar y tendrás alas. La función crea el órgano.

Piensa que aún te falta por escribir la página más hermosa de tu vida.

El que está de vuelta de todo es porque quizás no haya ido nunca a ningún sitio.

Cuando un hombre tiene un sueño, es sólo un sueño. Cuando muchos hombres tienen el mismo sueño, es el inicio de una realidad nueva.

Hypomoné: paciencia y constancia.

La más larga de las caminatas empieza siempre con un primer paso.

Tres talladores de piedra trabajan en una cantera. Les preguntan a los tres: ¿Qué haces? Contesta el primero: Estoy cortando piedras a escuadra. El segundo dice. “Me gano la vida para mí y mi familia”. El tercero responde: “Estoy construyendo una gran catedral”.

A la hora de la muerte no se nos juzgará por el trabajo realizado, sino por el amor que hayamos puesto en nuestro trabajo.

Hay que saber hacer las cosas ordinarias de un modo extraordinario.

Lo importante no es lo que tú haces, sino lo que Dios puede hacer con lo que tú haces.

La fidelidad a lo diario nos hará estar disponibles para el momento en que Dios pasa a nuestro lado.

3. La salvación en lo germinal

Este año me está costando especialmente entrar en el espíritu del Adviento. El adviento viene a reavivar ilusiones grandes, sueños olvidados; viene a avivar lámparas que parpadean. Y yo más bien lo que deseo este año es lo contrario. Acabar de olvidar grandes ilusiones que no eran realistas, e ilusionarme con cosas mucho más pequeñas.

Mis expectativas ahora no se orientan hacia cambios espectaculares en el horizonte, sino a descubrir el valor de lo pequeño, de lo permanente, como lugar de manifestación de la gloria de Dios y campo de realización de su reino.

No creo que el mundo vaya a cambiar sustancialmente, y por eso, para no desesperarme, mi orientación es a reconciliarme con lo que hay, descubrir su belleza oculta, comprometerme con su bondad, ser fiel al reto de cada día, a la sonrisa de cada día, al perdón de cada día, al humilde servicio de cada día. Hoy prefiero ilusionarme con “ser fiel en lo poco” (Lc 16,10).

Ente este planteamiento, las grandes profecías del Adviento me hacen sentirme incómodo. En cambio sintonizo muy bien con los personajes de los evangelios de la infancia, los ancianos que mantuvieron su lámpara encendida: Zacarías, Isabel, Simeón y Ana. Es un resto de Israel anciano que sigue siendo fiel y mantiene su lámpara encendida. Sólo alcanzarán a ver un niño como realización de todos sus sueños y esperanzas. Pero en ese niño pequeño a quien no tendrán la oportunidad de ver crecer, reconocen la realización de sus sueños y esperanzas.

Creo que este año éste debe ser mi Adviento, el Adviento de las semillas. Lo importante es que el nivel de ilusión no sea menor, ni sea menor el nivel de mi compromiso.

Tengo la impresión de ser como la persona que ve una película en la tele, pero sabiendo que no se puede quedar para ver el final. Uno pierde interés en la trama, y no quiere meterse demasiado para no quedarse con la curiosidad de cómo acaba todo.

Mi deseo es entrar en otra dimensión más profunda que el hilo anecdótico de la trama con sus altos y bajos. En la superficie hay olas que suben y bajan, hay una historia que va atravesando diversas vicisitudes. Pero más abajo hay una corriente submarina no cambiante, imparable. Es en este nivel donde yo me quiero situar, al margen de lo anecdótico. Ahí tengo que dejarme llevar por esa corriente de gracia, por esa historia de salvación, sin prestar tanta importancia a lo que está sucediendo arriba en la superficie.

Una cosa sé, ya desde el principio, que la historia va a terminar bien. No tengo la garantía de que cada uno de los capítulos concretos de serial acabe bien, pero sé que al final la serie terminará bien, y por eso colaboro ilusionado en cumplir ni pequeña parte lo más profesionalmente posible, en este capítulo concreto que me ha tocado vivir y que no sé si acabará bien o mal.

Lo importante es colaborar con la corriente profunda del evangelio, aunque los resultados no se vean a corto plazo, o aunque todos mis esfuerzos no consigan que este capítulo en el que me ha tocado trabajar acabe bien. Pero sé que contribuyo a la dinámica positiva de la historia que Dios conduce hacia un último final de salvación.

En el monte Carmelo caí en la cuenta de la fuerza intercesora de Elías. Al leer el texto me impresionó que Elías le anuncia a Ajab la lluvia aun antes de ponerse a orar. Estaba seguro de que su oración iba a ser escuchada (1 R 18,41).

Me impresionan también las repeticiones del número 7 en los orantes. Oran 7 veces sin desanimarse, a pesar de que las primeras oraciones no parecen surgir efecto (1 R 18,43). Naamán se bañó siete veces en el Jordán. Supongo que a la quinta o sexta estaría ya un poco escamado (2 R 5,14). 7 veces se tumbó Eliseo sobre el hijo de la Sunamita y repitió la misma operación (2 R 4,35).

Y aun después de orar sólo vemos un pequeño signo, una nubecita. ¿Qué fe se necesita para creer que es nubecita es el comienzo de las promesas tan abundantes. ¡Qué contraste entre lo prometido y lo que aparece después de orar mucho (1 R 18,44).

Santiago nos recuerda en su carta el poder intercesor de Elías, que surge de su capacidad de compadecerse de la gente (Stg 5,17).

Juan Manuel Martín.Moreno, sj.
http://www.mercaba.org


2ª Charla: María

La madre que espera un hijo es el modelo de la esperanza cristiana del adviento. Nunca nadie esperó tanto a Jesús como María.

Un adviento cerca de María es prenda de una Navidad cerca de Jesús.

1. El deseo y la esperanza

El Dios que esperamos no viene de fuera, sino de dentro. Ciertas imágenes insinúan que es alguien que desciende desde las nubes como la lluvia. “Cielos lloved vuestra justicia (Is 45,8a). Pero también es verdad que la segunda parte de este verso dice: “Ábrete tierra y haz germinar al Salvador” (8,b).

El salvador no es un extraterrestre que viene en una nave espacial. Germina desde dentro, nace del interior de la historia. Es un beso, un abrazo de cielos y tierra (Sal 85,11-12). Es un abrazo fecundo que hace germinar. El Reino de Dios no viene de fuera, sino de dentro (Lc 17,21). Decir que está dentro es mucho más que decir que está cerca. Está tan cerca, que es “intimior intimo meo”, más íntimo que mi propia intimidad.

María es por eso el modelo de una espera acogedora y comprometida. En sus entrañas acoge al Dios que es entrañable. Su entraña (rahamim) es el reflejo del de Dios. El Dios que es fecundo porque tiene entrañas, ha querido crearnos a nosotros también con entrañas y capaces de fecundidad.

Pero hay que saber dar permiso a Dios. “Cúmplase en mí” (Lc 1,38). Alguien fue una vez a un puesto donde regalaban flores, pero le dijeron que allí vendían sólo semillas. Habrá que esperar a que esas semillas germinen, pero sin tener la curiosidad de arrancarlas cada día para comprobar si han prendido, si han echado ya raíces.

Orar es acoger los deseos de Dios. La naturaleza es pródiga en semillas, Los peces ponen millones de huevos para garantizar que unos pocos lleguen a la edad adulta. Si una mínima parte de un millón de buenos deseos llegara a dar fruto, ¿no valdría la pena haberlos acogido todos en su momento?

Juan Manuel Martín.Moreno, sj.
http://www.mercaba.org