DEL CORAZÓN DE JESÚS AL CORAZÓN DE LA MISIÓN
P. Carmelo Casile

El Misterio del Corazón traspasado de Jesús sobre la Cruz resume los contenidos fundamentales de la espiritualidad del Corazón de Jesús, vivida por san a Daniel Comboni desde su juventud, y puede ser tomado como el Icono de su caminar misionero.

El gráfico se refiere a tres textos de Comboni: aquel de la introducción a la Iaedición del Piano (E 2742-2743), aquel de la “Carta Pastoral” (1873), en la cual propone la consagración al S. Corazón del Vicariato de África Central (E 3323), y aquel del Cap. X de las Regras de 1871, en las cuales Comboni invita a sus misioneros a preguntarse ”Qué cosa significa un Dios muerto en le cruz por la salvación de las almas”.

Punto cumbre, de llegada y de nueva salida, del camino misionero de Comboni es el 15 de septiembre de 1864. En este día Comboni se encuentra en oración sobre la tumba de S. Pedro Él mismo dirá más tarde que, mientras se encontraba en aquel día en la basílica de S. Pedro, “como un relámpago me iluminó la idea de proponer para la cristianización de los pobres negros un nuevo Plan, cuyos diferentes puntos me vinieron de lo alto como una inspiración” (E 4799).

El contenido de esa iluminación lo formuló en la introducción a la I edición del Piano (Torino, diciembre 1864, p. 3-4):

El católico, acostumbrado a juzgar las cosas con la luz que le viene de lo alto, miró a África no a través del miserable prisma de los intereses humanos, sino al puro rayo de su Fe; y descubrió allí una miríada infinita de hermanos pertenecientes a su misma familia, por tener con ellos un Padre común arriba en el cielo, encorvados bajo el yugo de Satanás y al borde del más horrendo precipicio.

Entonces, llevado por el ímpetu de aquella caridad encendida con divina llamarada en la falda del Gólgota, y salida del costado del Crucificado para abrazar a toda la familia humana, sintió que se hacían más frecuentes los latidos de su corazón; y una fuerza divina pareció empujarle hacia aquellas bárbaras tierras para estrechar entre sus brazos y dar un beso de paz y de amor a aquellos infelices hermanos suyos” (E 2742).

La intuición de Comboni está clara: en el reino de la muerte Dios entra a través de Jesús Crucificado. Sobre el Calvario, la Cruz se convierte en instrumento y señal perenne del amor salvador que eternamente mana del corazón del Padre; Jesús, Cordero inmaculado sobre la Cruz, justo mientras es objeto de nuestra violencia, asume sobre sí el mal del mundo, y es la verdadera revelación del rostro de Dios, al cual la humanidad herida puede volver para vivir. Comboni es el primero a sentirse envuelto por este amor desmedido de Dios encarnado en el misterio de Cristo Crucificado y que entra en la región de la muerte. Así para Comboni la Cruz se vuelve en su vida signo del amor personal del Padre por él y expresión clara de la oferta de salvación en Cristo que Dios quiere llevar a través de él a los pueblos de África.

Del Corazón Traspasado de Jesús emana una potencia generadora de vida, una “divina Llamarada de caridad”, que como una punta láser tendrá razón de la “niebla de misterio”, que envuelve la Nigricia y de todos los obstáculos que se entremeten en el camino del apóstol de África Central. Jesús crucificado entra en los hechos dolorosos de la Nigricia, es la expresión de su extrema y total cercanía a ella, se convierte en uno de ella; con la “divina Llamarada de caridad” que promana de su Corazón, absorbe los venenos que la paralizan, la levanta y la conduce a sí. Jesús que muere en la “carne” tomada de la Nigricia, también es el Hijo de Dios; por tanto su entrada en la oscuridad que la envuelve, es explosiva y parte la prisión de su naturaleza abatida y las cadenas de su esclavitud, recobrándola totalmente al abrazo del amor del Padre. En el morir de Jesús, su divinidad es derramada sobre los que son juzgados los últimos de la tierra y se vuelve en ellos fuerza salvadora y presencia regeneradora del hombre oprimido. Se abre así para la Nigricia el horizonte de la suerte última de su historia, que es la eternidad y lo infinito de luz de la divinidad y de la resurrección vertidos en su historia de opresión: creer y esperar con amor es ya ir allá dónde Jesús se encuentra para siempre, cerca del Padre.

Comboni alimenta costantemente su participación en el Misterio del Corazón traspasado de Cristo e inmete el dinamismo dde este Misterio en su acción evangelizadora mediante la contemplación de los Misterios de la vida del señor.

Así en la “carta Pastoral” (1873), en la que propone la consagración al S. Corazón del Vicariato de África Central, presenta una síntesis de la espiritualidad del Corazón de Jesús por él mismo vivida, en la cual Jesús es contemplado en su camino de amor por la humanidad “desde la sagrada cuna de belén” hasta el sepulcro del Crucificado-Resucitado en Jerusalén.

Este Corazón adorable, divinizado por la hipostática unión del Verbo con la humana naturaleza en Jesucristo Salvador nuestro, exento por siempre jamás de culpa y exuberante de toda gracia, no conoció un instante desde su formación en que no palpitase del más puro y misericordioso amor por los hombres. Desde la sagrada cuna de Belén se apresura a anunciar por primera vez la paz al mundo: niño en Egipto, solitario en Nazaret, evangelizador en Palestina, comparte su suerte con los pobres, invita a que se le acerquen los pequeños y los desdichados, conforta y cura a los enfermos, devuelve los muertos a la vida, llama al buen camino a los extraviados y perdona a los arrepentidos; moribundo en la Cruz, en su extrema mansedumbre ruega por sus mismos crucificadores; resucitado glorioso, manda los Apóstoles a predicar la salvación al mundo entero” (E 3323).

La energía del Espíritu (la “divina llamarada”) que mana del Corazón traspasado de Jesús sobre la Cruz, fuente de salvación y santuario del Amor redentor, es la energía que tiene unidos los iconos del gráfico y a través de la actividad misionera si ramifica y penetra en el mundo. El misionero entra en este dinamismo salvífico mediante la contemplación del Misterio del Corazón traspasado de Jesús, en el cual convergen todos los misterios de su vida, y se convierte así en discípulo misionero del Corazón de Jesús, según el espíritu de san Daniel Comboni (RV 1).

Con su mirada san D. Comboni nos invita a continuar su camino misionero en el mundo de hoy, contemplando el Misterio del Corazón traspasado de Jesús sobre la Cruz, procurando de entender cada vez mejor “Qué significa un Dios muerto en la cruz por la salvación de las almas”.