La Cuaresma día tras día con Maurice Zundel.

Maurice Zundel (1897-1975), sacerdote suizo, escritor, poeta, teólogo y “un genio espiritual”, según Pablo VI.


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38. Lo esencial es maravillarse

Para nosotros, para cada uno, lo esencial no es tanto seguir tal o cual proceso conocido, sino mucho más, darnos cada día la posibilidad de maravillarnos. Si cada día durante cinco a diez minutos respiramos el silencio en que encuentra su origen nuestra vida, si cada día Dios se nos presenta bajo rasgos absolutamente nuevos, si, como dice un gran poeta, cada día somos promovidos a la dignidad de admiradores, entonces Dios ya no tendrá para nosotros ese rostro conocido que nos cansa y nos aburre.
Como cada uno es diferente, como cada uno es irremplazable y único, como Dios no se repite jamás al crear un alma sino que, justamente, le da, le confía un rayo de su propia luz y la llama a expresar su belleza en su propio lenguaje que es único, a fin de que todas las almas juntas constituyan una inmensa sinfonía en que no cesa jamás de cantarse la belleza de Dios.
También para nosotros la santidad, es decir la plenitud de adhesión que hace de la vida divina, como decía san Agustín, la vida de nuestra vida, para nosotros también, la santidad debe amoldarse al interior de ese impulso, de esa atracción que constituye nuestro gusto esencial, nuestra pasión dominante, y a través de la cual alcanzamos nuestro entusiasmo más total y profundo. Es, pues, necesario que cada uno, saliendo de los caminos trillados, no se sienta atado a fórmulas ni piense que para orar por la mañana o por la noche sea necesario decir cualquier cosa. Lo esencial es recogerse. Lo esencial es escuchar. Lo esencial es maravillarse. Porque cuando nos maravillamos, cuando admiramos, salimos necesariamente de nosotros, quedamos suspendidos de la belleza de Dios, gozamos de su Presencia, nos perdemos en su amor.