FP al sabor del tiempo: Diálogo entre el Papa Francisco y  Eugenio Scalfari

Así voy a cambiar la Iglesia

Diálogo entre el Papa Francisco y el fundador del periódico La Repubblica, Eugenio Scalfari (extractos)

La Reppublica, 1 Ottobre – EUGENIO SCALFARI

ScalfariMe dice el Papa Francisco: “Los más graves entre los males que afligen al mundo en estos años son el paro de los jóvenes y la soledad en que son dejados los viejos. Los viejos tienen necesidad de cuidados y de compañía; los jóvenes, de trabajo y de esperanzas, pero no tienen ni lo uno ni lo otro y lo malo es que ya no lo buscan. Están aplastados en el presente. Dígame Usted: ¿se puede vivir aplastado en el presente? ¿Sin memoria del pasado y sin deseo de proyectarse hacia el futuro construyendo un proyecto, un porvenir, una familia? Este es, a mi manera de ver, el problema más urgente que la Iglesia tiene que enfrentar.

Santidad, le digo, es un problema principalmente político y económico, les concierne a los Estados, a los Gobiernos, a los partidos, a los sindicatos.

Por supuesto, Usted tiene razón, pero le concierne también a la Iglesia; es más, le concierne sobre todo a la Iglesia porque esta situación no hiere solo a los cuerpos, sino también a las almas. La Iglesia tiene que sentirse responsable tanto de las almas como de los cuerpos.

Santidad, dice Usted que la Iglesia tiene que sentirse responsable. ¿Tengo que deducir entonces que la Iglesia no es consciente de este problema y que Usted la está animando para que vaya hacia esa dirección?

En buena medida esta conciencia existe, pero no lo bastante. Yo deseo que sea más consciente. No es este el único problema que tenemos por delante, sin embargo es el más urgente y el más dramático.

El encuentro con el Papa Francisco tuvo lugar el pasado martes en su residencia de Santa Marta, en un pequeño cuarto austero, una mesa, cinco o seis sillas, un cuadro en la pared. Antes, una llamada de teléfono que no olvidaré en mi vida. …

Ahora estoy aquí. El Papa entra y me da la mano, nos sentamos. El Papa sonríe y me dice: “Alguien que le conoce, entre mis colaboradores, me ha dicho que Usted intentará convertirme”.

Es una broma, le contesto. Mis amigos también piensan que Usted quiere convertirme.

Sonríe otra vez y contesta: “El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido. Hay que conocerse, escucharse y hacer que crezca el conocimiento del mundo que nos rodea. A mí me pasa que después de un encuentro tengo ganas de hacer otro porque nacen nuevas ideas y se descubren nuevas necesidades. Esto es importante: conocerse, escucharse, ampliar el círculo de los pensamientos. Las carreteras que recorren el mundo  pueden acercar o alejar; sin embargo lo importante es que lleven hacia el Bien”.

Santidad, ¿existe una única visión del Bien? Y ¿quién la establece?

“Cada uno de nosotros tiene su propia visión del Bien y también del Mal. Nosotros tenemos que animarlo a proceder hacia lo que el individuo piensa que es el Bien”.

Santidad, esto ya lo había escrito Usted en la carta que me envió. La conciencia es autónoma, dijo, y cada uno tiene que obedecer a su propia conciencia. Creo que esa es una de las afirmaciones más valientes formuladas por un Papa.

“Y aquí lo repito. Cada uno tiene su idea del Bien y del Mal y tiene que escoger seguir el bien y combatir el Mal como él los concibe. Bastaría con esto para mejorar el mundo”.

La Iglesia ¿está haciendo esto?

“Sí, nuestras misiones tienen este objetivo: detectar las necesidades materiales e inmateriales de las personas e intentar satisfacerlas como podamos. ¿Sabe Usted lo que es el ágape?

Sí, lo sé.

“Es el amor hacia los demás, como lo predicó Nuestro Señor. No es proselitismo, es amor. Amor hacia el prójimo, levadura que sirve para bien común”.

Jesús en su predicación dijo que el ágape, el amor hacia los demás, es la única manera de amar a Dios. Si me equivoco, corríjame Usted.

“Usted no se equivoca. El hijo de Dios se ha encarnado para infundir en el alma de los hombres el sentimiento de la fraternidad. Todos hermanos y todos hijos de Dios. Abba, de esta manera él llamaba al Padre. Yo os trazo el camino, decía. Seguidme y encontraréis al Padre y seréis todos hijos suyos y él se complacerá en vosotros. El ágape, el amor de cada uno de nosotros hacia todos los demás, desde los más cercanos hasta los más lejanos, es precisamente el único modo que Dios nos ha indicado para encontrar la vía de la salvación y de las Beatitudes”.

Aun así Jesús nos exhorta, lo hemos recordado antes, a que el amor hacia el prójimo sea igual que el que tenemos hacia nosotros mismos. Por consiguiente lo que muchos llaman narcisismo es reconocido como válido, positivo en la misma medida que el otro. Hemos debatido mucho sobre este aspecto.

“A mí”, dijo el Papa, “la palabra narcisismo no me gusta, indica un amor fuera de lugar por uno mismo y esto no está bien, puede ocasionar daños graves no solo al alma de quien lo padece, sino también a su relación con los demás, con la sociedad en la que vive. El verdadero problema es que los más afectados por esto, que en realidad es una especie de desorden mental, son las personas que tienen mucho poder. A menudo quien manda es narcisista”.

Muchos Jefes de la Iglesia también lo han sido.

“¿Sabe Usted lo que pienso sobre esto? Que los Jefes de la Iglesia a menudo han sido narcisistas, adulados y malamente excitados por sus cortesanos. La corte es la lepra del papado”.

La lepra del papado. Dijo exactamente esto. Sin embargo ¿cuál es la corte? ¿Acaso se refiere a la Curia?, pregunté.

“No, en la Curia a veces hay cortesanos, pero la Curia en su conjunto es otra cosa. Es aquello que en los ejércitos se llama intendencia, gestiona los servicios que la Santa Sede necesita. Pero tiene un defecto: es Vaticano-céntrica. Ve y cuida los intereses del Vaticano, que son todavía, en gran parte, intereses temporales. Esta visión Vaticano-céntrica se olvida del mundo que nos rodea. No comparto esta visión y haré todo lo posible por cambiarla. La Iglesia es o debe volver a ser una comunidad del pueblo de Dios y los curas, los párrocos, los obispos con el cuidado de las almas al servicio del pueblo de Dios. La Iglesia es esto, una palabra diferente de la Santa Sede y no por casualidad, que tiene su importante función pero está al servicio de la Iglesia. Yo no hubiera podido tener fe total en Dios y en su Hijo si no me hubiera formado en la Iglesia; tuve la suerte de encontrarme, en Argentina, en una comunidad sin la cual no hubiera tomado conciencia de mí y de mi fe”.

¿Sintió Usted su vocación desde joven?

“No, no desde muy joven. Según mi familia hubiera tenido que dedicarme a otro oficio, trabajar, ganar algo de dinero. Hice la universidad. Tuve una profesora con la que trabé respeto y amistad, era una comunista ferviente. A menudo me leía y me daba para leer textos del Partido comunista. Así conocí también esos conceptos muy materialistas. Recuerdo que me consiguió incluso el comunicado de los comunistas americanos en defensa de los Rosemberg, que habían sido condenados a muerte. La mujer de la que le hablo luego fue arrestada, torturada y asesinada por la dictadura que entonces gobernaba en Argentina”.

¿El comunismo lo sedujo?

“Su materialismo no tuvo ninguna influenciasobre mí. Sin embargo, conocerlo a través de una persona valiente y honesta me fue útil, entendí algunas cosas, un aspecto de lo social, que después encontré en la doctrina social de la Iglesia”.

La teoría de la liberación, que el Papa Wojtyla excomulgó, estaba bastante presente en América Latina.

“Sí, muchos de sus exponentes eran argentinos”.

¿Piensa Usted que fue justo que el Papa los combatiese?

“Seguramente daban una continuación política a su teología, pero muchos de ellos eran creyentes y con un alto concepto de humanidad”.

Santidad, ¿me permite Usted que le cuente yo también algo sobre mi formación cultural? Fui educado por una madre muy católica. A los 12 años gané incluso un certamen de catequismo entre todas las parroquias de Roma y recibí un premio del Vicariato. Comulgaba el primer viernes de cada mes, en fin, practicaba la liturgia y creía. Sin embargo todo cambió cuando fui al bachillerato. Leí, entre los otros textos de filosofía que estudiábamos, el “Discurso del Método” de Descartes y me impresionó mucho la frase, que se ha convertido en un icono, “Pienso, luego existo”. El “yo” se volvió la base de la existencia humana, la sede autónoma del pensamiento.

“Descartes, no obstante, nunca renegó de la fe en el Dios trascendente”.

Es verdad, pero estableció el fundamento de una visión completamente diferente y a mí me pasó de encaminarme por esa vía que luego, corroborada por otras lecturas, me llevó a la orilla opuesta.

“Usted, por lo que he entendido, no es creyente, pero no es anticlerical. Son dos cosas muy diferentes”.

Es verdad, no soy un anticlerical, pero me convierto en eso cuando encuentro a un clerical.

Él me sonríe y me dice: “Me pasa lo mismo, cuando tengo enfrente a un clerical me convierto de golpe en anticlerical. El clericalismo no tendría que tener nada que ver con el cristianismo.

Vosotros los cristianos sois minoría, ahora… Son Ustedes seguramente muchos, especialmente en África y en América Latina, pero minoría.

“Lo hemos sido siempre pero este no es el tema que nos ocupa ahora. Personalmente creo que esto de ser una minoría es incluso una fuerza. Debemos ser levadura de vida y de amor, la levadura es una cantidad infinitamente más pequeña que la cantidad de frutos, flores y árboles que nacen de ella. Creo haber dicho antes que nuestro objetivo no es el proselitismo sino escuchar las necesidades, los deseos, las desilusiones, la desesperación, la esperanza. Debemos devolver la esperanza a los jóvenes, ayudar a los viejos, abrirnos hacia el futuro, difundir el amor. Pobres entre los pobres. Debemos incluir a los excluidos y predicar la paz. El Concilio Vaticano II, inspirado por el Papa Juan y por Pablo VI, decidió mirar hacia el futuro con espíritu moderno y abrirse a la cultura moderna. Los padres conciliares sabían que abrirse a la cultura moderna significaba ecumenismo religioso y diálogo con los no creyentes. Después de entonces, se hizo muy poco en esa dirección. Yo tengo la humildad y la ambición de querer hacerlo.”

También porque  – me permito añadir- la sociedad moderna en todo el planeta atraviesa un momento de crisis profunda y no solo económica sino social y espiritual. Usted, al principio de nuestro encuentro describió una generación aplastada en el presente. También los no creyentes padecemos este sufrimiento casi antropológico. Por este motivo queremos dialogar con los creyentes y con los que mejor les representan.

“No sé si soy el mejor que les representa, pero la Providencia me ha puesto como guía de la Iglesia y de la Diócesis de Pedro. Haré todo lo posible para cumplir el mandato que se me ha confiado”.

Jesús, como Usted ha recordado, dijo: ama a tu prójimo como a ti mismo. ¿Le parece que esto se ha hecho realidad?

“Por desgracia no. El egoísmo ha aumentado y el amor hacia los demás ha disminuido”.

Este es el objetivo que nos une: al menos igualar estos dos tipos de amor. ¿Su Iglesia está lista y preparada para cumplir con esta tarea?

“¿Usted que cree?”

Creo que el amor por el poder temporal es todavía muy fuerte entre los muros vaticanos y en la estructura institucional de toda la Iglesia. Creo que la Institución predomina sobre la Iglesia pobre y misionera que Usted querría.

“Las cosas de hecho están así y en esta asignatura no se hacen milagros. Le recuerdo que también Francisco en su época tuvo que negociar durante mucho tiempo con la jerarquía romana y con el Papa para ver reconocidas las reglas de su Orden. Al final obtuvo la aprobación pero con profundos cambios y compromisos”.

¿Deberá Usted seguir el mismo camino?

“No soy Francisco de Asís, no tengo su fuerza ni su santidad. Pero soy el obispo de Roma y el Papa de los católicos. Lo primero que he decidido ha sido nombrar a un grupo de ocho cardenales que forman mi consejo. No cortesanos sino personas sabias y animadas por los mismos sentimientos que yo. Este es el inicio de esa Iglesia con una organización no solo vertical sino también horizontal. Cuando el cardenal Martini hablaba llamando la atención sobre los Concilios y los Sínodos, sabía muy bien lo largo y difícil  que era el camino que hay que recorrer en esa dirección. Con prudencia, pero con firmeza y tenacidad”.

¿Y la política?

“¿Por qué me lo pregunta? Ya le he dicho que la Iglesia no se ocupará de política”.

Pero hace unos días Usted hizo un llamamiento a los católicos a comprometerse civil y políticamente.

“No me dirigí solo a los católicos sino a todos los hombres de buena voluntad. Dije que la política es la primera entre las actividades civiles y que tiene su propio campo de acción, que no es el de la religión. Las instituciones políticas son laicas por definición y obran en esferas independientes. Esto lo han venido diciendo todos mis predecesores a lo largo de varios años, aunque sea con matices distintos. Creo que los católicos comprometidos en la política tienen dentro de sí los valores de la religión pero también una conciencia madura y una competencia para llevarlos a cabo. La Iglesia no irá nunca más allá de la tarea de expresar y defender sus valores, al menos hasta que yo esté aquí”.

La Iglesia no siempre ha sido así.

“No, casi nunca ha sido así. Muy a menudo, la Iglesia como institución ha sido dominada por su aspecto temporal y muchos miembros y altos exponentes católicos tienen todavía esta forma de sentir. Ahora, déjeme a mí que le haga una pregunta: Usted, laico, no creyente en Dios, ¿en qué cree? Usted es un escritor y pensador. Creerá en algo, tendrá algún valor dominante. No me conteste con palabras como honestidad, búsqueda, visión del bien común; todos principios y valores importantes, pero no es esto lo que le estoy preguntando. Le pregunto qué piensa de la esencia del mundo, es más, del universo. Se preguntará, porque todos lo hacemos, de dónde venimos, adónde vamos. Estas preguntas se las hace hasta un niño ¿Y Usted?”

Le agradezco esta pregunta, la respuesta es esta: creo en el Ser, es decir en el tejido del que surgen las formas, los Entes.

“Yo creo en Dios, No en un Dios católico,  no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su Encarnación. Jesús es mi maestro, mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba es la luz y el Creador. Este es mi Ser. ¿Le parece que estamos muy lejos?”.

Estamos lejos en el pensamiento, pero similares como seres humanos, animados inconscientemente por nuestros instintos que se transforman en pulsiones, sentimientos, voluntad, pensamiento y razón. En esto somos parecidos.

“… Volvamos al presente. Hemos dado un paso adelante en nuestro diálogo. Hemos comprobado que en la sociedad y en el mundo en el que vivimos el egoísmo ha aumentado más que el amor por los demás y que los hombres de buena voluntad deben actuar, cada uno con su propia fuerza y competencia, para hacer que el amor hacia los demás aumente hasta igualar e incluso superar al amor hacia nosotros mismos”.

Este es un llamamiento a la política también.

“Seguramente. Personalmente pienso que el llamado capitalismo salvaje no hace sino volver más fuertes a los fuertes, más débiles a los débiles y más excluidos a los excluidos. Hace falta una gran libertad, ninguna discriminación, nada de demagogia y mucho amor. Hacen falta reglas de comportamiento e incluso, si fuera necesario, intervenciones directas del Estado para corregir las desigualdades más intolerables”.

Nos abrazamos. Subimos la corta escalera que nos separa del portón. Le pido al Papa que no me acompañe pero él lo descarta con un gesto. “Hablaremos también del papel de las mujeres en la Iglesia. Le recuerdo que la Iglesia es femenina”.

Y hablaremos, si Usted quiere, también de Pascal. Me gustaría saber lo que piensa usted de esta gran alma.

“Llevea todos sus familiares mi bendición y pídales que recen por mí. Piense en mí, piense a menudo en mí”.

Nos estrechamos la mano y él se queda quieto con los dos dedos levantados en signo de bendición. Lo saludo desde la ventanilla. Este es el Papa Francisco. Si la Iglesia se vuelve como él la está pensando y la quiere, habrá cambiado una era.

 (Traduzione di Monica R. Bedana)

 http://www.repubblica.it/cultura/2013/10/01/news/el_papa_as_voy_a_cambiar_la_iglesia-67692129/