El Domingo de la Palabra de Dios es una iniciativa profundamente pastoral para hacer comprender cuán importante es en la vida cotidiana de la Iglesia y de nuestras comunidades la referencia a la Palabra de Dios, una Palabra no encerrada en un libro, sino que permanece siempre viva y se hace signo concreto y tangible.

La expresión bíblica con la que se celebrará la VII edición del Domingo de la Palabra de Dios está tomada de la carta de san Pablo a los Colosenses: “La palabra de Cristo habite en vosotros” (Col 3,16).

Este Subsidio pastoral se propone como una ayuda que se ofrece a las comunidades parroquiales y a cuantos se reúnen para la celebración de la santa Eucaristía dominical, para que este Domingo sea vivido intensamente.

Subsidio Litúrgico-Pastoral

Contenidos:

  • – Presentación, S.E.R. Mons. Rino Fisichella
  • – La Palabra de Dios: fuente de esperanza, Dom Mauro-Giuseppe Lepori
  • – Propuestas pastorales
  • – Adoración Bíblica
  • – Esquema para la Celebración Eucarística

Mons. Rino Fisichella
Pro-Prefecto del Dicasterio para la Evangelización

La expresión bíblica con la que se celebrará la VI edición del Domingo de la Palabra de Dios está tomada de la carta de san Pablo a los Colosenses: “La palabra de Cristo habite en vosotros” (Col 3,16). Lo que hemos recibido del Apóstol no es una mera invitación moral, sino la indicación de una forma nueva de existencia. Pablo no pide que la Palabra sea solo escuchada o estudiada: él quiere que ela “habite”, es decir, que tome residencia estable, plasme los pensamientos, oriente los deseos y haga creíble el testimonio de los discípulos. La Palabra de Cristo permanece como criterio seguro que unifica y vuelve fecunda la vida de la comunidad cristiana.

Después del Año Santo, este lema permanece para nosotros como una valiosa herencia; una invitación dirigida a toda la Iglesia para volver a poner al centro el Evangelio, pues toda renovación auténtica nace de la escucha dócil de la Palabra. Acogerla significa dejarse acompañar de Aquél que no engaña, porque dona vida y esperanza. Ser habitados por la Palabra equivale, en definitiva, a permitir que Cristo hable también hoy a través de nuestra vida, para que cada hombre pueda reconocer su presencia que continúa iluminando el camino de la historia.

Todo cristiano y toda comunidad deberán recuperar el primado de la Palabra de Dios. Su escucha sincera y profunda es una vía fundamental para que el hombre encuentre a Dios. Cuando se deja espacio a la Palabra, cada uno descubre que el Verbo de Dios habita su corazón, como semila que a su tiempo germina y da fruto. Todos, de hecho, estamos invitados a nutrirnos del pan cotidiano de la Palabra, para luego anunciarla a los hermanos, pues el anuncio surge de la abundancia del corazón, según la frase evangélica: “La boca habla de lo que está leno el corazón” (Mt 12,34; Lc 6,45).

Es particularmente significativo que la celebración del Domingo de la Palabra de Dios este año coincida con la celebración de la conversión de San Pablo, jornada que concluye la Semana de Oración por la unidad de los Cristianos. La Palabra que Cristo dirigió a Pablo por el camino a Damasco ha marcado profundamente su corazón, a tal grado de hacerlo el gran evangelizador que conocemos. Hoy nos toca hacer que la misma Palabra legue hasta los confines de la tierra, para transformar la vida de todos los pueblos, habitando en nosotros.