P. Manuel João, Comboniano
Reflexión dominical
de la boca de mi ballena, ela
Nuestra cruz es el púlpito de la Palabra

Año B – Tiempo Ordinario – 16ª Domingo
Marcos 6,30-34: “No tenían ni tiempo para comer”

Si quisiéramos captar el tema principal que emerge de las lecturas de este domingo, podríamos resumirlo en torno a dos conceptos o figuras: el pastor y el descanso.

– Primera lectura: “Reuniré yo mismo el resto de mis ovejas de todas las regiones… y las haré regresar a sus pastos; serán fecundas y se multiplicarán… y Israel vivirá tranquilo” (Jeremías 23,1-6);
– Salmo responsorial: “Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de reposo me conduce, y conforta mi alma.” (Salmo 22/23);
– Segunda lectura: “Cristo es nuestra paz” (Efesios 2,13-18);
– Evangelio: “Al desembarcar, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor”.

Desde el principio pedimos la gracia de reconocer en Cristo a nuestro Pastor, el único que nos permite anticipar la alegría del “Descanso”, meta de la existencia cristiana y de la humanidad. Nuestra vida es un peregrinaje en el desierto hacia el descanso de la “Tierra Prometida”.

¡Una huida fallida!

El pasaje del evangelio nos narra el regreso de los Doce que Jesús había enviado en misión el domingo pasado. Hemos oído el relato, pero intentemos revivirlo imaginando la escena. El evangelista nos dice que “los apóstoles [es la única vez que Marcos los llama apóstoles] se reunieron alrededor de Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado”. Así que, en la fecha que Jesús les había fijado, se presentan, tal vez en grupos pequeños, para rendir cuenta de lo que habían “hecho” y “enseñado”. El apóstol siempre regresa al que lo envió, a la fuente de la misión. Jesús los escucha complacido y, notando su cansancio, los invita a hacer una pausa: “Venid aparte, a un lugar desierto, y descansad un poco”. Había, de hecho, demasiado bullicio de personas que “iban y venían”. El Maestro era la atracción. Tal vez otra gente de los pueblos que los apóstoles habían evangelizado quiso acompañarlos para conocer a Jesús. El hecho era que “no tenían ni tiempo para comer”!

El grupo necesitaba no solo descanso físico, sino también tranquilidad, reflexión, y confrontación con Jesús y con los compañeros para evaluar su primera experiencia de misión. Allí corrían el riesgo de ser arrastrados por la frenética actividad o incluso de caer en la trampa del protagonismo. “Entonces, se fueron en la barca a un lugar desierto, aparte”. En otras ocasiones el Maestro se había apartado de la multitud para estar solo con sus discípulos. La multitud, sin embargo, esta vez intuyó su movimiento y, a pie, llegó al lugar incluso antes que ellos. ¡Una huida fallida! ¿Cómo reaccionó Jesús? Él “tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas”.

Ahora tratemos de identificarnos con los tres protagonistas de este pasaje del evangelio: Jesús, los apóstoles y la multitud.

1. JESÚS: “tuvo compasión de ellos”. Él siente una emoción profunda al ver la multitud y cambia sus planes. Su actitud es para nosotros un doble desafío. En primer lugar, su mirada de compasión. Todo nace de la mirada. Nuestra visión de la realidad depende del tipo de mirada que tenemos. Cultivar una mirada compasiva es hoy una prioridad absoluta. A través de los medios de comunicación vemos todos los días a estas multitudes sufriendo y corremos el riesgo de acostumbrarnos al sufrimiento ajeno, hasta llegar a la insensibilidad y la indiferencia. La mirada de compasión debe ser cultivada: ¿cómo? Estando atentos a los juicios y prejuicios que surgen en nosotros, anestesiando nuestros sentimientos. Y luego, traducir la compasión en gestos de solidaridad, aunque nos parezcan una gota en el mar del sufrimiento humano. Dice San Pablo: “Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús.” (Filipenses 2,5).

También nos desafía la prontitud con la que Jesús reacciona ante esta situación. A la vista de esa multitud, los apóstoles habrán experimentado irritación, como nos pasa a menudo, cuando alguien o un evento nos obliga a cambiar nuestros planes. Tal vez regresamos del trabajo, cansados, deseando descansar y, en cambio, los hijos nos esperan para jugar con ellos, o el otro cónyuge espera de nosotros atención o ayuda. Quizás, en otras ocasiones, tenemos un trabajo por terminar, con el tiempo contado, y alguien viene a interrumpirnos… Dejarse interrumpir para acoger a una persona, estar dispuesto a cambiar nuestros planes, dar prioridad al otro y saber “perder tiempo”, todo esto forma parte de la ascética del servicio.

2. LOS APÓSTOLES: “no tenían ni tiempo para comer”. A menudo también nosotros estamos en su situación. Demasiado ocupados con nuestras tareas, arrastrados por la frenética actividad de nuestros días, corremos el riesgo de quedarnos espiritualmente desnutridos y, sin darnos cuenta, ser succionados por el vacío de una visión materialista de la vida. Es esencial cultivar momentos de pausa, de silencio y de tranquilidad para leer las Escrituras o un buen libro, para reflexionar y orar. Además, todos deberíamos tener “un lugar desierto, aparte” donde refugiarnos en ciertos momentos: una iglesia, un santuario, un parque… Y por último, sería conveniente revisar cómo pasamos el domingo, si realmente es un día de descanso, físico, mental y espiritual.

3. LA MULTITUD: “eran como ovejas sin pastor”. Era la multitud de la que hablaba el profeta Jeremías en la primera lectura (ver también Ezequiel 34), una multitud desorientada, una multitud descuidada por los pastores. Y cuando los pastores no cumplen con su tarea, entran los ladrones, los bandidos y los lobos, que seducen, explotan a la gente, ofreciendo ilusiones, vendiendo humo y conduciendo a las multitudes por caminos de muerte.

Esta multitud podemos ser también nosotros. En momentos de malestar y vacío interior, de cansancio y búsqueda de sentido, de desorientación y confusión, si no tenemos cuidado, todos podemos ser cautivados por los flautistas que abundan en nuestra sociedad. Que el Señor, en los momentos de crisis, haga resonar en nuestro corazón su invitación: “Vengan a mí, todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.” (Mateo 11,28).

Propuesta de ejercicio semanal: elaborar un plan de descanso (físico, psíquico y espiritual) para este período de “vacaciones”.

P. Manuel João Pereira Correia mccj
Verona, 18 de julio de 2024