El Corazón en la Tradición Cristiana:
una espiritualidad bíblica del Corazón
La devoción al Sagrado Corazón como fue practicada en la Iglesia universal por los últimos tres siglos, estaba relacionada íntimamente con la gran discípula del Sagrado Corazón, Santa Margarita María Alacoque. Los teólogos han sabido siempre que la devoción no era basada en las visiones a ella concedidas, porque las fundaciones verdaderas están contenidas en la revelación cristiana. Sin embargo, Santa Margarita María ha dado un gran impulso a esta devoción, y la celebración litúrgica de la fiesta del Sagrado Corazón, como aprobada para la Iglesia universal, resultó de la súplica de la Santa.
Mucho ya fue escrito sobre la historia de esta devoción. En primer lugar sobre Santa Margarita María y San Juan Eudes; después, sobre el período precedente: la devoción como practicada en la edad media. Más tarde se descubrió que los Padres de la Iglesia también ya hablan del costado herido de Jesús, y de su Corazón. Recientemente también se ha investigado el tema más amplio del corazón humano en la literatura cristiana y en la liturgia.
1) Hacia una presentación nueva
Desde el artículo de André Dérumaux: “Crise ou évolution dans la Dévotion des Jeunes pour le Sacré-Coeur” en 1950[24], varios artículos aparecieron acerca de la crisis en esta devoción en muchos países[25], y generalmente varios factores contribuyentes se enumeran: la representación pictorial de mal gusto; las estampas melifluas y sentimentales; el lenguaje forzado en las oraciones al Sagrado Corazón; el énfasis en el Corazón físico; la práctica de identificar el Sagrado Corazón con la Persona de Cristo (“Dígnate, oh Corazón divino, de presidir nuestras asambleas…”); la concentración en los pecados que deben expiarse; el uso dudoso de las promesas hechas a Santa Margarita María; la dificultad de consolar a Jesús ahora en sus padecimientos de muchos siglos atrás… Ladame piensa que la dificultad fundamental es la crisis en la vida espiritual en general.
No se puede negar que muchas prácticas de esta devoción desaparecieron en muchos lugares Pero, hay también una convicción de muchos que se trata aquí de una cosa valiosa que no debe perderse. Jamás hubo tantos congresos nacionales e internacionales acerca del Sagrado Corazón como en los últimos treinta años. Muchos teólogos y religiosos están de acuerdo que se precisa una renovación, y en este artículo quisiera resumir las contribuciones a esta renovación. De nuevo, debo ser selectivo.
1. La contribución de Hugo y Karl Rahner S.J.
El interés de estos dos hermanos en la teología del Sagrado Corazón ya se manifestó en el hecho que los dos escribieron su disertación doctor sobre la teología patrística del Sagrado Corazón, y aún más, en sus numerosas publicaciones posteriores sobre el Sagrado Corazón. Hay un gran interés en sus contribuciones, como lo demuestran, por ejemplo, por lo menos dos disertaciones recientes acerca de la teología de Karl Rahner sobre el Sagrado Corazón[26]. De hecho, su influencia es profunda, aunque no siempre reconocida.
Ya he referido a la contribución importante de Hugo Rahner en el campo de la teología patrística y bíblica (vea la nota 1 al fin de este capítulo, y la nota 4 del capítulo 4); ha sistematizado el estudio de la teología patrística sobre este tema, y nos ha dado una nueva lección de Jn. 7,37-38. Esta última contribución nos ha mostrado la función del Espíritu Santo en esta espiritualidad. Por consiguiente debo resumir aquí la contribución de Karl Rahner sobre este tema, una contribución en el campo de la teología especulativa y espiritual.
a. El concepto ‘Sagrado Corazón’
La influencia de los dos teólogos Rahner es tan profunda, en primer lugar, porque han profundizado el mismo concepto ‘corazón’. Hugo ya entendió el término en su sentido bíblico, y Karl continuó en esta línea por reflexión personal. Piensa que ‘corazón’, en primer lugar, no significa el órgano fisiológico; esto ya es una significación derivada:
‘Corazón’, en este sentido primario, denota aquel centro que es el origen y núcleo de todo en la persona humana. Aquí toda la concreta “naturaleza del hombre, como nace, florece, y se entrega con alma, cuerpo, y espíritu,… se cristaliza y se forma; aquí es donde, por decirlo así, está anclado.” (H. Conrad-Martius). (Stierli, o.c. p. 133)
‘Corazón’, en este sentido primario, es una palabra primordial (‘Ur-Wort’), como ‘faz’, o ‘puño’, denotando realidades que sobrepasan la distinción entre cuerpo y alma. La representación del corazón físico puede usarse como símbolo de este centro personal. Debemos recordar, además, que el culto del Sagrado Corazón se dirige siempre a la persona de Jesús, en este caso: a la persona de Jesús en sus actitudes más profundas Estas actitudes deben descubrirse, no por deducción metafísica, sino por experiencia personal. Y nuestro último descubrimiento es que el Corazón de Jesús se caracteriza por un amor libre e insondable, amor que unifica todas las actitudes del Señor.
Esta contribución de los dos padres Rahner da a la devoción una nueva perspectiva. La teología que distinguió entre objeto material y formal de la devoción pasa de largo la significación primaria del ‘corazón’ de una persona; entiende ‘corazón’ en primer lugar en el sentido físico, y pasa por alto el sentido bíblico de ‘corazón’. Por eso, dice Karl, esta teología es inadecuada y anticuada. Para los dos hermanos Rahner, el ‘Sagrado Corazón’ no es solamente un símbolo, sino también es el núcleo, el centro personal de Jesucristo. Es una realidad escondida, que podemos descubrir por contacto personal. Y el Corazón de Cristo en este sentido es la Fuente de Vida para nosotros. Los teólogos que reaccionaron negativamente a esta explicación de Karl Rahner, temieron principalmente que no diese bastante importancia al Corazón de carne del Señor. Me parece que Karl ha contestado a esa objeción a satisfacción[27]; para él, un símbolo real es siempre una parte de la cosa simbolizada, como las lágrimas simbolizan la tristeza y son parte de la misma. El ‘Sagrado Corazón’ se refiere en el mismo tiempo al Corazón físico de Jesús y al núcleo de su personalidad. En el pasado, el símbolo y el simbolizado se vieron demasiado como dos cosas distintas, y eso induce varias dificultades. Lo que veneramos es el núcleo de la Persona, junto con el símbolo real del Corazón; veneramos a Jesús en su Corazón.
Además es importante distinguir entre la espiritualidad del Corazón y las prácticas tradicionales de la devoción. K. Rahner no se interesa en primer lugar en las prácticas tradicionales de la devoción, sino que dirige nuestra atención a la Persona de Jesús. Reconoce la importancia de Paray-leMonial, pero acentúa que las visiones de Paray no deben entenderse como dirigidas contra el Jansenismo, sino que deben insertarse en el contexto moderno de la secularización. Y visto que la secularización parece haber culminado en nuestro tiempo, esta espiritualidad no es anticuada de ninguna manera.
b. Contexto Trinitario
Aunque Karl Rahner dirige nuestra atención hacia la persona de Jesús, piensa que el contexto trinitario faltó en la devoción como practicada desde Santa Margarita María. Cristo no se vio como Mediador con el Padre, de modo que faltó el movimiento característico de nuestra religión: no tanto a Cristo, sino más bien con El y en El al Padre. Hugo Rahner adjuntaría: debemos ver el Corazón de Jesús como fuente del Espíritu Santo, que nos hace amar como Jesús, participando en su amor del Padre y de nuestros hermanos. Con Jesús y por Jesús, en el Espíritu, al Padre; así es nuestra religión.
c. Significación de Reparación
Este contexto trinitario es importante también para entender la significación de reparación. Karl ha explicado este tema en su artículo importante “Algunas tesis sobre la teología de la devoción”, (Stierli o.c. 131-155).
Visto que en este culto veneramos al Señor en el aspecto de su amor redentor, esta devoción tiene que incluir la reparación, dice Karl, porque la reparación es una participación en su amor redentor, y en su destino.
¿Qué significa la reparación en la economía actual de salvación? El pecado ha sido superado de la Cruz de Cristo, en la cual nuestro Señor logró su victoria sufriendo, de un modo amoroso y obediente, las consecuencias del pecado, a saber separación de Dios y la muerte. Reparación para los pecados del mundo, tanto para los nuestros propios como para los de otros, debe constar en primer lugar y esencialmente de una participación libremente aceptada en el destino del Señor, y de la tolerancia, en fe, amor y obediencia, de las manifestaciones del pecado en el mundo: sufrimientos, oscuridad, persecución, separación de Dios, y la muerte. (Stierli, o.c. 147)
La reparación de Cristo como hombre, y de los hombres en Cristo, se ofrece al Padre. Nuestra reparación se ofrece con Cristo y por Cristo, más bien que a Cristo. Es una participación en su sufrimiento redentor, y Karl ve este sufrimiento más en el contexto de redención que de expiación y satisfacción. No acentúa el aspecto de consolar a Jesús; piensa que esto no es un aspecto esencial de la devoción, aunque cree en la importancia de meditar sobre la pasión de Jesús. La Hora Santa, por ejemplo, la ve como un ensayo del creyente a participar en el destino del Señor; allá descubrimos las actitudes de Jesús hacia la cruz como la ley de nuestra actitud hacia la cruz en nuestra vida. En sus últimos escritos dirige nuestra atención hacia el servicio desinteresado del prójimo, y hacia la participación en su batalla por la justicia. El aspecto social empezó a hacerse importante, pero no lo integró en sus artículos sobre el Sagrado Corazón. Lo trató en su artículo sobre la unidad del amor de Dios y del amor del prójimo[28].
2. Haurietis Aquas, 1956
He mencionado esta encíclica en el período precedente, porque es el documento culminante sobre la devoción al Sagrado Corazón que explica su naturaleza como fue siempre entendida. Pero este documento realmente pertenece a este período de renovación, porque abre varias puertas[29].
En primer lugar, explica el objeto de la devoción de una manera más completa. El Sagrado Corazón se presenta como el símbolo principal del triple amor de Jesús: de su amor divino, de su amor humano hacia el Padre y hacia nosotros, y también de sus afecciones emocionales exquisitas (art. 25-26). En la descripción de los actos del amor de Jesús, se menciona que se guiaron por su conocimiento perfecto (art. 27>. Así es como se describe todo el centro de la personalidad de Jesús. Donde la encíclica trata del amor de Jesús, los regalos del Sagrado Corazón se incluyen: la Eucaristía y el sacerdocio (art. 36); el regalo de su Madre (art. 37); el regalo de su vida (art. 38); el regalo de la Iglesia (art. 39); el regalo del Espíritu Santo (art. 41); su oración continúa por nosotros (art. 44). Así se incluye la teología ‘objetiva’ de los Padres; pero, los regalos se presentan explícitamente como regalos de amor.
En segundo lugar debemos mencionar que la encíclica inserta la devoción en la Sagrada Escritura y la tradición: “Porque creemos que, cuando los elementos fundamentales de esta forma de piedad se ven en esta clara luz que viene de las Escrituras y de la Tradición, los cristianos serán capaces de ‘sacar agua con gozo de las fuentes del Salvador.” (art. 11). El Antiguo y el Nuevo Testamento y los padres se citan extensamente; los grandes santos del Sagrado Corazón se mencionan (art. 51); el lugar principal entre ellos se adjudica a Santa Margarita María. Porque ahora la devoción está insertada en las fuentes auténticas de la revelación cristiana, ha madurado, y se muestra como perteneciendo a la revelación como su corazón.
Unos acentos particulares: importantes son la referencia a la función del Espíritu Santo en esta devoción (art. 41); las referencias, de paso, a la Santísima Trinidad (por ejemplo en art. 11>; el hecho que la devoción se presenta como respondiendo al materialismo de nuestra edad, una edad en que “en el corazón de muchos la caridad se vuelve fría.” (art. 38). Después, las referencias al Reino de Cristo (art. 72 + 75), y, finalmente, la referencia al Corazón Inmaculado de Maria, al que el mismo Papa Pío XII consagró el mundo en 1942 (art. 73>.
Las contribuciones de Hugo Rahner se han integrado en la encíclica; por lo general, las de Karl Rahner no fueron integradas. Pero, nada sugiere que el segundo fuera condenado; de hecho, su doctrina puede conciliarse con la encíclica, aunque va más lejos.
3. El Concilio Vaticano II: la necesidad del corazón nuevo
El Concilio Vaticano II no habla a menudo del Sagrado Corazón. Se menciona explícitamente en Gaudium et Spes art. 22, donde se dice que Jesús amó con un corazón humano; en la Declaración sobre la Libertad Religiosa art. 11, donde se cita Mt. 11 ,29: “En efecto, Cristo, que es Maestro y Señor nuestro, manso y humilde de corazón, atrajo pacientemente e invitó a los discípulos.” y en Ad Gentes art. 24, donde Mt. 11 ,29 se cita de nuevo. En dos lugares, el concilio se refiere al Costado herido de Cristo: en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia art. 5, y en Lumen Gentium art. 3. Ambos textos se refieren al origen de la Iglesia. Estos cinco textos expresan la doctrina tradicional.
Lo que es nuevo en los documentos conciliares referente a nuestro tema es la manera como se habla de nuestro corazón. El término ‘corazón’ se usa 119 veces: cinco veces referente al Corazón de Cristo; 113 veces con relación a nuestro corazón. Se citan muchos textos bíblicos acerca del corazón humano: Rom. 5,5 acerca del amor de Dios, derramado en nuestros corazones por el Espíritu que nos ha sido dado: cinco veces; Is. 61 ,1: “a vendar los corazones rotos”: tres veces; Hechos 4,32: “cor unum et anima una”: tres veces. Pero, quisiera llamar la atención a lo que el mismo Concilio dice sobre el corazón humano.
En primer lugar, hay el texto hermoso que habla de la vuelta al corazón:
Pues en su misma interioridad supera a la universalidad de las cosas: llega a este profundo conocimiento cuando se vuelve a su corazón, en donde le espera Dios, que escudriña los corazones, y en donde él mismo, bajo la mirada de Dios, juzga de su propia suerte. (GS 14)
Gaudium et Spes menciona el corazón humano 34 veces, y nos da un mensaje importante acerca de ello. Lo quisiera resumir aquí’. En el art. 10 la Constitución dice:
De hecho los desequilibrios que afectan al mundo moderno están conectados con el desequilibrio más fundamental que radica en el corazón del hombre. (Documentos del Concilio Vaticano II, ed. Sal Terrae, Santander 1966, p. 552).
Este artículo 10 continúa en describir cómo las discordias en la sociedad se radican en la división que el hombre sufre en si mismo. Así, para sanar la sociedad, se requiere la sanación del corazón. Esto se hace posible por el regalo del Espíritu Santo:
El hombre puede aproximarse por don del Espíritu Santo a la contemplación y gusto en la fe del oculto designio de Dios. (GS 15, última frase).
Después, el artículo 16 continúa:
En las profundidades de su conciencia el hombre descubre la ley que él mismo no se la da a sí mismo, pero a la que debe obedecer y cuya voz llamándole a hacer el bien y evitar el mal dice en los oídos de su corazón cuando conviene: haz esto, evita aquello. Pues el hombre tiene en su corazón una ley inscrita, de manera que su dignidad consiste en obedecerla y conforme a ella se le juzgará. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está a solas con Dios, cuya voz resuena en sus intimidades. Aquella ley aparece clara de un modo admirable por la conciencia, que se cumple con el amor a Dios y al prójimo. Por la fidelidad a la conciencia los cristianos se juntan con los demás hombres, para buscar la verdad y resolver con verdad tantos problemas morales como surgen así en la vi-da de cada uno como en la comunidad social.
Cuando escuchamos la voz de nuestra conciencia, que re-suena en nuestro corazón, podemos hallar la solución de nuestros problemas personales y sociales. Pero, eso requiere una corrección de nuestras actitudes, una renovación del corazón:
El orden social hay que desarrollarlo día a día, debe fundarse en la verdad, edificarse sobre la justicia, estar vivificado por la caridad; en la libertad ha de encontrar un equilibrio cada vez más humano. Para realizar todas estas cosas es preciso proceder a una renovación de las mentalidades y de amplias transformaciones de la sociedad.
El Espíritu de Dios, que dirige el correr de los tiempos con admirable providencia y renueva la faz de la tierra, está presente a esta renovación. Y a la vez el fermento evangélico ha despertado y sigue despertando en el corazón del hombre una irrefrenable exigencia de dignidad. (GS art. 26).
El articulo 30 especifica un aspecto de la corrección de nuestras actitudes que se requiere: no podemos contentarnos con una ética individualista; tenemos que aprender a ver la importancia de los deberes sociales. El mundo de hoy lo requiere:
Hay quienes profesando amplias y generosas opiniones, sin embargo, en realidad viven de tal manera como si no les preocuparan las necesidades de la sociedad. Es más, muchos, en diversas regiones, menosprecian las leyes y las normas sociales. No Pocos, con variados fraudes y engaños, no tienen reparo en eximir-se de los justos impuestos o de otros deberes para con la sociedad. Otros tienen en poco ciertas normas de vida social, ‘por ejemplo, para cuidar la salud o referentes a la prudente conducción de vehículos, sin caer en la cuenta de que con tal negligencia ponen en peligro su vida y la de los demás.
Sea considerado con todos, es deber sagrado, y entre las principales obligaciones el observar las relaciones sociales. Pues cuanto más se unifica el mundo, tanto más los deberes del hombre sobrepasan los limites de los grupos particulares y se extienden paulatinamente a todo el mundo. Esto no se logrará si cada uno de los hombres y de las asociaciones no cultivan en sí mismos y difunden en la sociedad las virtudes morales y sociales, de forma que se conviertan verdaderamente en hombres nuevos y artífices de la nueva humanidad con el necesario auxilio de la divina gracia. (GS art. 30).
El Concilio descubre una urgencia especial de las virtudes sociales en este tiempo, porque el mundo se unifica siempre más. Para descubrir lo que significa la renovación del corazón, tenemos que considerar también las necesidades de la situación: ¡Un corazón nuevo para un mundo nuevo! Tenemos que escuchar también el corazón del mundo.
Después, la constitución se refiere al plan salvífico de Dios: Jesús instituyó una nueva comunión fraternal, y su grande ley para la familia de Dios es el amor fraternal (art. 32>. La Iglesia, a su vez, vuelve a ser el sacramento de la unidad de todo el género humano (art. 42), y esto tiene implicaciones para nosotros. Los gobiernos tienen una responsbilidad grave de promover la paz nacional e internacional; pero, los Jefes de Estado dependen muchísimo de los ciudadanos. Esta consideración conduce a la conclusión que quisiera acentuar:
Sin embargo guárdense bien los hombres de confiar sólo en los esfuerzos de unos pocos sin preocuparse de la propia mentalidad. Pues los Jefes de Estado que son los responsables del bien común de su propia nación y al mismo tiempo promotores del bien universal, dependen muchísimo de las opiniones de la masa y del sentir universal. De nada sirven sus desvelos por edificar la paz si sentimientos de hostilidad, desprecio y desconfianza, odios raciales e ideologías obstinadas, dividen a los hombres enfrentándolos entre sí. De ahí una necesidad absoluta de educar las mentes y de hallar un criterio nuevo que inspire la opinión pública. Los que se dedican a la educación, especialmente de los jóvenes o forman la opinión pública, tomen como un deber gravísimo el dirigir las mentes de todos hacia una nueva atmósfera de paz. Conviene que todos nosotros a una cambiemos nuestros corazones teniendo ante la vista el mundo entero y aquellas empresas que nosotros a una podemos realizar para que nuestra sociedad se perfeccione en el bien.
No nos engañen falsas esperanzas. Porque si, dejadas a un la-do enemistades y odios, no se concluyen en el futuro tratados de paz firmes y honrados, la humanidad, que se halla en una grave crisis, pese a las maravillosas ciencias que posee, quizás se vea arrastrada hacia una situación en la que no experimente más paz que la de una muerte horrible. La Iglesia de Cristo al exponer estas realidades, situada en medio de la angustia de nuestros días, no cesa sin embargo de anhelar esa paz. A nuestra generación una y otra vez, a tiempo a destiempo, se afana en proponer el mensaje del Apóstol: “he aquí ahora el tiempo oportuno” para que se cambien los corazones, “he aquí ahora el día de salvación.” (GS art. 82).
El Concilio nos llama con gran urgencia a la renovación de nuestro corazón. La necesidad especial de nuestro tiempo y la fraternidad internacional lo requieren. Esto es el aspecto más importante del ‘aggiornamento’, de la renovación promovida por el Concilio, la renovación del corazón. Las estructuras de la Iglesia se han renovado, como la estructura colegial de los obispos; la liturgia se ha renovado; la vida religiosa se ha renovado… Pero, todos estos cambios deben promover el cambio más profundo: el cambio de nuestro corazón. La promesa de Dios de darnos un corazón nuevo se vuelve una necesidad urgente.
La misma conclusión se halla en el decreto sobre el Ecumenismo: la conversión del corazón es como el alma de todo el movimiento ecuménico (UR art. 7 + 8>. La unidad y la fraternidad de la Iglesia requieren un amor más grande, una comunión y comunicación más profundas. Quisiera concluir esta sección sobre el Vaticano II con dos citaciones muy a propósito del papa Pablo VI:
Saludos y paz a todas las otras comunidades Cristianas… Un saludo cordial mandamos… a los que creen en Dios…
Después, en este momento, pensamos en toda la humanidad, movido por el amor del que tanto amó al mundo que dio su vida por él. El corazón asume dimensiones mundiales; ojalá asuma las dimensiones infinitas del Corazón de Cristo[30].
Un corazón católico:
Quitar a la Iglesia su calificación de católica significa cambiar su faz, la cual el Señor quería y amó; significa ofender la intención inefable de Dios que quería hacer de la Iglesia la expresión de su amor ilimitado de la humanidad. Tenemos que comprender bien la novedad sicológica y moral que un tal nombre implica:
… el corazón del hombre es pequeño, es egoísta, no tiene lugar sino para sí mismo y para pocas personas, los de la propia familia y de la propia casta. Y cuando, después de nobles esfuerzos largos y fatigosos, se dilata un poco, llega a comprender la propia patria y la propia clase social, pero siempre busca barricadas y fronteras, entre las cuales pueda limitarse y refugiarse. Hasta hoy, el corazón del hombre moderno sufre fatiga al trascender estos confines interiores, y, a la invitación que el progreso civil le hace de dilatar la capacidad del amor para el mundo, responde con incertitud y a condición, todavía egoísta, de hallar en eso su propia ventaja. La utilidad, el prestigio, aunque no sea la manía de dominar y de subyugar a los demás para sí, gobiernan el corazón del hombre.
Pero, si está penetrado verdaderamente de su condición de católico, todo egoísmo está superado, todo clasismo está elevado a la plena solidaridad social, todo nacionalismo se compagina con el bien de la comunidad mundial; entonces todo racismo está condenado, como todo totalitarismo está manifestado en su inhumanidad; el corazón pequeño se rompe o, mejor, adquiere una nueva capacidad de dilatarse. Palabra de San Agustín:”Dilatentur spatia caritatis.”
Un corazón católico significa un corazón de dimensiones universales. Un corazón que ha superado el egoísmo, la angustia radical que excluye al hombre de la vocación al Amor supremo. Significa un corazón magnánimo, un corazón ecuménico, un corazón capaz de abrazar al mundo entero dentro de sí. Pero, eso no lo hará un corazón indiferente a la verdad de las cosas y a la sinceridad de las palabras; no confundirá la debilidad con la bondad, no colocará la paz en la maldad y en la apatía. Sino sabrá pulsar en la maravillosa síntesis de San Pablo: “veritatem facientes in caritate.” (Ef. 4,15; 31)[31].
Más que nunca, nuestro corazón tiene que abrirse a todos. La universalidad del Reino de Cristo, la universalidad de su mandamiento de amor lo requieren; el mundo lo requiere; la unidad de las iglesias lo requiere. Nuestro corazón debe volverse ‘católico’, debe ser como la Iglesia, nacida del corazón de Cristo.
Jan G. Bovenmars msc.
Una Espiritualidad Bíblica del Corazón.
Ediciones MSC 1992 Rep. Dominicana, Capítulo 7
[24] André Dérumaux, “Crise ou évolution dans la dévotion des Jeunes pour le Sacré-Coeur,” en Le Coeur. Etudes Carmélitaines 1950, 296, 326.
[25] Ver, por ejemplo, Richard Gutzwiller, “The opposition.” en J. Stierli, Heart of the Saviour 1-14; Jean Ladame, “Une dévotion contestée: La raison profonde de cette crise.” en Ladame, Ce Coeur si Passionné. L’Esprit véritable d’un Culte. Ed. Saint-Paul, París 1974, Capítulo 1.
[26] Dos disertaciones escritas recientemente sobre la teología de Karl Rahner acerca del Sagrado Corazón:
Michael J. Walsh, The Heart of Christ in the Wrítings of Karl Rahner: An Investigation of íts Christological Foundation as an Example of the Reiationship between Theology and Spirituality. Rome, Gregorian U niversi ty Press, 1977.
Annice Callahan R 5 C T Karl Rahners Sp,rituality of the Pierced Heart A Reinterpretation of Devotion to the Sacred Heart. University Press of Ameri-ca, 1985.
Otras obras de K. Rahner sobre este tema:
“Sorne theses for a Theology of Devotion to the Sacred Heart·” en J. Stierli, o.c. 131-155, y en Theological lnvestigations 3,331-352.
“The Theological Meaning of the Veneration of the Sacred Heart.” en Theological lnvestigations 7, 21 7-228.
“The Theology of the Sym bol.” en Theological Investigations 4, 221-252.
“The Man with the Pierced Heart.” en Servants of the Lord. Herder and Herder, New York 1968, 107-119.
[27] K. Rahner explica el lugar del Corazón físico de Jesús en la devoción en Cor Jesu I, 461-505, y en su conferencia en el congreso de Barcelona en 1961, contenida en II Cuore di Gesú e la Teología Cattolica. Ed. Dehoniane 1965, 85-108, donde desarrolla también su visión de la significación de los símbolos.
[28] K. Rahner, “Reflections on the Unity of the Love of Neighbor and the Love of God.” en Theological lnvestigations 5, 439-459.
[29] Un comentario importante sobre Haurietis es: Cor Jesu. Commentationes in Litteras Encycíicas Pii PP. XII ‘Haurietis Aquas’, quas peritis collaborantibus ediderunt Augustinus Bea S. J. Hugo Rahner S.J,; Henri Rondet S.J. Friedr. Schwendimann S.J. Herder, Roma 1959, 2 vol.
[30] Alocución del papa Pablo Vi del Jueves Santo, en lnsegnamenti di Paolo VI, Poliglotta Vaticano 1975, vol. II, 210. Traducción personal.
[31] EI papa Pablo VI, anunciando la Secretaría para los no-cristianos. Pentecostés 1966, en lnsegnamenti di Paolo VI, vol. II, 340. Traducción personal