1. Primera aclaración

“Lectio” es una palabra latina que se puede traducir literalmente como “lectura”. Así, desde una traducción literal, la expresión Lectio Divina expresa, más bien, la “lectura de Dios” más que lectura Divina o lectura espiritual. Pero, por “lectura de Dios” hay entender la lectura de lo que Dios nos comunica, principalmente por medio de la Sagrada Escritura. De ahí que la Lectio Divina se refiere fundamentalmente a la lectura de la Biblia, hecha de un modo particular, como se verá más adelante.
Fue Orígenes, un padre de la Iglesia antigua, quien hacia el siglo III usó por primera vez la expresión ‘Lectio Divina’ para identificar la lectura creyente y orante de la Biblia. Es probable que por esta misma época, con el nacimiento del monaquismo en el desierto egipcio, muchos monjes buscaran encontrarse con Dios por medio de la Lectio.
Pero fue en la Edad Media, cuando esta praxis tuvo el mayor auge. Hacia el año 1150, un monje cartujo de nombre Guigo, en su escrito “La escalera de los monjes” , fijó los cuatro grados de la ‘lectio’ que se conocen actualmente: La Lectura (Lectio, en latín), la Meditación (Meditatio), la Oración (Oratio), y la Contemplación (Contemplatio). La propuesta del monje pretendía ofrecer a sus hermanos un camino progresivo de intimidad con Dios, asumiendo como fuente de inspiración la Biblia.
Además, la Lectio Divina guarda una estrecha relación con los “sentidos” de la Escritura propuestos en el siglo V por San Jerónimo y también por San Agustín, sentidos retomados con algunas variantes por Santo Tomás en el siglo XIII. Ellos encontraron en la Palabra de Dios al menos cuatro sentidos:
1) el sentido literal que nos invita a relacionarnos con el texto tal como está y a entenderlo tal cual.
2) El sentido espiritual que nos invita a identificar el significado del texto, dentro del arco amplio de la historia de la salvación.
3) El sentido moral, que nos mueve a comportarnos de determinada manera según las mociones del Espíritu Santo reveladas en el texto.
4) El sentido escatológico, que identifica aquella realidad definitiva que todos los creyentes deben esperar. Dice qué quiere Dios de nosotros en este día.
Fue tan incisivo este modo de leer la Biblia, que una frase célebre resumió el proceso: la letra enseña el hecho, el espíritu lo que debes creer, la moral lo que debes hacer, y la escatología hacia dónde vas.
Sin embargo, fue el Concilio Vaticano II, por el año 1965, en la Constitución “Dei Verbum” (ver: n. 25) el que recomendó a todos los cristianos la lectura y la oración asidua con la Palabra de Dios, con lo cual revivió esta antigua práctica.
Si quisiéramos resumir el sentido original de la “Lectio Divina” se podría decir: es una oración que nos permite reconocer la presencia de Dios en la vida personal y en la de los hermanos, por eso es comunitaria. Más que un método para orar, es la manera cristiana de hacer de la vida una oración y de la oración vida.

2. ¿Qué es la Lectio Divina?

La lectura de Dios conduce inevitablemente a la oración, al encuentro de los hijos e hijas con el Padre, a la contemplación más que a la exégesis. Es una lectura privilegiada de la Biblia, pero no la única forma. Por la “lectio” procuramos apropiarnos de aquello que dice la Biblia: “la Palabra está muy cerca de ti: en tu boca y en tu corazón, para que la pongas en práctica” (Dt 30,14). En la boca, por la lectura; en e! corazón por la meditación y por la oración; en la práctica, por la contemplación.

3. ¿Cómo se celebra la Lectio Divina?

Se celebra a través de un método o proceso que consta de: Lectio, Meditatio, Oratio, Comtemplatio. Alguien describió el proceso con esta frase: “Ven y verás”. Algunos comentaristas modernos añaden: la Actio, acción o propósito para un comportamiento especial durante el día o la semana, y la Celebratio o celebración que incluiría la liturgia o la Eucaristía, como fuente y cumbre de toda la vida cristiana (cf. LG 11). Pero en realidad ambos momentos están ya presentes en la Conternplatio.

4. ¿Cuándo se hace la Lectio Divina?

Debe hacerse cada vez que la comunidad o las personas en particular deseen encontrarse con Dios en su Palabra; por ello no hay un momento específico Los monjes, entre los cuales surgió la Lectio, la hacían con intervalos diversos. Hoy muchos monjes, al igual que muchos religiosos, religiosas, laicos y laicas, ejercitan la Lectio Divina diariamente.

5. ¿Dónde se celebra la Lectio Divina?

El lugar oportuno para la Lectio es aquel donde cada uno está mejor: la capilla, la propia habitación, o el bosque. Cuando tomó una forma estable hacia el siglo IX era una oración comunitaria, por ello e! ambiente propicio era aquel donde cabían todos.

6. ¿Quién puede hacer la Lectio Divina?

Todo ser humano que asume la Biblia como Palabra de Dios y cree en ella. De ordinario es una oración de la comunidad; sin embargo, también es posible hacerla personalmente, siempre y cuando esté referida a la comunidad.

7. ¿Por qué surgió la Lectio Divina?

Porque cada uno tiene necesidad de expresar en lo más íntimo su relación con Dios Para escuchar necesita un ambiente de silencio y de soledad (Ver: 1 Re 19,9-14), lo cual supone: a) la fe, pues nos guía el Espíritu Santo. b) ver toda la Palabra de Dios desde Jesús, con lo cual se afirma la unidad entre el AT y NT. c) la comunión y la comunidad, que garantiza la unidad con la Iglesia pues la Palabra se lee con la iglesia y dentro de ella. d) la conversión continua, como un abrirse de manera permanente a Dios y a los hermanos (Leer Jn 3,8 y Lc 11,9-13), por eso pide la armonía con la comunidad.

8. ¿Para qué la Lectio Divina?

Su finalidad tiene que ver con la vida personal y comunitaria. Es para el crecimiento espiritual en continua relación con la comunidad. Debe intensificar la relación con Dios, con los hermanos, con la historia, con la naturaleza, consigo mismo. La lectio permite una lectura divina de la historia, un acercamiento creyente a !a realidad, una mirada de la creación con los ojos de la fe.

9. Descripción del método o proceso

La celebración puede iniciar con un canto y/o con una invocación del Espíritu Santo.

A) LECTIO: Consiste en leer atentamente un texto corto de la Biblia, seleccionado previamente, hasta casi memorizarlo y ser capaz de transcribirlo. Esto exige querer leer, saber leer y leer muchas veces. Luego viene el análisis gramátical, donde se detectan en primer lugar los verbos, el sujeto, el objeto, los sustantivos, los adjetivos. Se trata de responder a la pregunta: ¿Qué dice el texto? La exégesis ayuda a descubrir éstos y otros elementos. Puede ayudar un comentario sobre el pasaje en cuestión o escuchar lo que se sabe del texto, situarlo tanto en su propia historia como dentro del conjunto de toda la Biblia.

Ejemplo: Leamos Lc 10,38-42:

¿Qué dice el Texto? Por ejemplo, se podrían enunciar al menos estos aspectos: En este capítulo 10 de Lucas, Jesús camina hacia Jerusalén; esta ciudad es centra! para la escuela lucana y para la comunidad, allí empieza el evangelio y allí termina. El texto de Lc 9,51 señala que Jesús tomó la determinación de ‘subir a Jerusalén’. Jesús llega a una aldea y es conocido allí; tiene amigas: Martha y María. La primera se ocupa del servicio de la casa, la segunda escucha a los pies las palabras del Señor. La primera reclama, la segunda recibe una alabanza de Jesús. María hizo una opción; las mujeres judías que no podían ser discípulas de los rabinos, ahora con Jesús tienen esa posibilidad. El servicio de la casa es importante pero referido a Jesús. El centro del texto, parece ser, sin duda, la frase final.

B) MEDITATIO: Es la capacidad de extraer, interpretar, reflexionar sobre e! texto, es la capacidad de juicio y discernimiento. Se trata de guardar todo en el corazón, como María (cf. Lc 2,19). Se deben responder al menos dos preguntas: ¿Qué me dice el texto? y ¿qué nos dice el texto? Conviene recitar mentalmente el texto, es e! momento de rumiar las palabras en la mente y en el corazón. Qué palabras o cuáles frases golpean en lo más profundo de mi ser.
¿Qué me dice e! texto de Lc 10,38-42? Por ejemplo: que muy pocas cosas son necesarias en la vida, quizás una sola, la palabra viva del Maestro. Puedo ser como Jesús, motivo de interrogación para quienes entran en contacto conmigo, que ellos y ellas también por mi testimonio, busquen lo esencial. Ser hermana de otro u otra en la Biblia es sentirse responsable de esa persona.
Hay muchos valores queridos para las personas, pero se impone una jerarquía. Jesús me invita al diálogo personal con él.

C) ORATIO: Las preguntas fundamentales de este momento son: ¿Qué me hace decir el texto? ¿Qué nos hace decir el texto a Dios? Según la situación de cada uno la oratio asume formas diversas. Este momento nos confronta con la Palabra; ella puede mover a la conversión (Ver: Is 6,5 o Hch. 2,37); a la petición (Lc 11,9-13); a la acción de gracias o a la alabanza. Y no son actitudes sucesivas; dejemos que el Espíritu Santo nos mueva.
¿Desde el texto qué le digo a Dios? Por ejemplo: Padre, por medio de Jesús, regálame lo esencial; esa parte que no me será quitada. Padre, pido perdón porque distraigo a mis hermanos y destinatarios con muchas cosas y situaciones que no son esenciales en la vida. Padre, gracias porque me regalas la posibilidad de entrar en contacto con Jesús, todos los días, en los hermanos, la oración, la celebración de los sacramentos. Padre de bondad te alabo, porque la manera cómo me demuestras tu amor, es confiándome personas a quienes amar, destinatarios por quienes responder, hermanos y hermanas de comunidad con quienes crecer.

D) COMTEMPLATIO: Se trata ahora de sentirse, no en un jardín cerrado donde me encuentro yo solo con Dios olvidando a la comunidad, el mundo y toda su realidad sino, movido a obrar en favor de los otros. Si fuera necesario responder algunas preguntas, éstas podrían ser: ¿Qué acción buena haré hoy a mis hermanos? ¿Cuál es el compromiso de hoy para la vida?
En este momento, en sentido estricto, no hay preguntas para responder, pues es el tiempo del silencio, de la acogida, del gozo y la alegría. Se mira aquello que queda en los ojos y en el corazón, pero la forma visible de ese remanente es la acción. Equivale a confrontarse con Lc 10,28: “Haz respondido bien. Haz eso y vivirás”.
Se escucha la Palabra, se conoce en profundidad, y se pone por obra con prontitud. Estos constituyen los tres momentos básicos de la espiritualidad cristiana.
¿Cuál es mi compromiso para hoy? Por ejemplo: Rechazaré los diálogos inútiles, para buscar lo esencial, aquello que Dios quiere hoy de mí. Dejaré de mirar aquello que hacen los otros, me ahorra muchos pensamientos innecesarios y comentarios vacíos. Valoraré tanto el trabajo como la oración porque desde Jesús no pueden ir separados. Al meditar todo el día la frase central del texto: -una sola cosa es necesaria y no le será quitada-, voy a preguntar por lo único necesario en mi vida.

Observación final: Estas líneas configuran solo una introducción. De otro lado, los pasos no son sucesivos ni hay uno privilegiado. El punto de partida es la Palabra de Dios; después cada uno/a puede quedarse en uno o en vanos pasos, y desde el momento en el cual esté, puede compartir y enriquecer a su comunidad mostrando lo que Dios ha hecho en él/ella. Esta Palabra de Dios se dirige a los seres humanos, es para nosotros, hable de nosotros, de nuestros anhelos v esperanzas, de nuestros fracasos, desilusiones y alegrías. Por eso la Biblia toca nuestra historia actual.

La “lectura de Dios”, es toda una propuesta de lectura cotidiana y continua de la Biblia; por eso más que un método de oración, es la manera bíblica de encontrarse con Dios -Padre-Madre- en la fascinante jornada de cada día. Se trata en definitiva de leer esta historia y la propia vida con los ojos, la razón y el corazón del mismo Dios.

Otro ejemplo: Leamos el texto Mt 6,27:

A) LECTIO: ¿Qué dice el texto? Por ejemplo: De acuerdo con los relatos de la creación en Gn 1-2, Dios es el dueño de la vida y no cada uno de nosotros. Puedo recordar el Salmo 39,6, donde se afirma que la vida no sólo es corta para el creyente, sino que depende de Dios y nosotros somos sus criaturas, nunca los creadores de la vida y de la historia. Por más ansiedad que manejemos y por más fuerza que hagamos los eventos se desenvuelven según el querer de Dios más que de acuerdo con e! querer humano. Conviene leer Mt 6,25-34 para ilustrar el contexto del verso elegido; allí Jesús nos invita a preocuparnos solo por el presente.

B) MEDITATIO: ¿Qué me dice el texto? Por ejemplo: Esta frase sirvió seguramente de inspiración a Santa Teresa de Ávila para decir: ‘Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa. Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: sólo Dios basta. Don Bosco también repetía: iNada te turbe! (C. 17). En síntesis el texto me repite: sólo Dios basta.

C) ORATIO: ¿Qué me hace decir el texto? Por ejemplo: Padre de bondad, tú y tu Hijo, me piden que cada día lo vida a plenitud. Señor, regálame el don de saber vivir bien este día. Te pido perdón porque las numerosas y urgentes ocupaciones de la jornada me restan tiempo para vivir con mayor intensidad el momento presente. Padre, por medio de tu Hijo, déjame tomar conciencia de que el espacio privilegiado para mi crecimiento espiritual es el tiempo cotidiano que vivo y celebro en mi familia, en mi trabajo, en mi grupo o comunidad.

D) CONTEMPLATIO: ¿Cuál es mi compromiso para hoy? Por ejemplo: Voy a descargar mi jornada de tantos compromisos que no son tan urgentes, para escuchar a los demás, especialmente a …. Evitaré presionar a quienes de mí dependan para ahorrarles disgustos. Promoveré hoy un espacio de distensión y de diálogo. Sacaré un momento para la reflexión personal. Leeré un buen libro o me concentraré en un buen pensamiento.

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