
Biografía del silencio
Breve ensayo sobre meditación
Pablo d’Ors
10. Cuanto más veamos nuestra radical mutabilidad y nuestra interdependencia con el mundo y los demás, y ello hasta el punto de poder decir «yo soy tú», o bien «yo soy el universo», tanto más nos acercamos a nuestra identidad más radical. Para conocerse, por tanto, no hay que dividir o separar, sino unir.
Gracias a la meditación he ido descubriendo que no hay yo y mundo, sino que mundo y yo son una misma y única cosa. La consecuencia natural de semejante hallazgo —y no creo que haga falta ser un lince para adivinarlo— es la compasión hacia todo ser viviente: no quieres hacer daño a nada ni a nadie porque te das cuenta de que en primera instancia te dañarías a ti mismo si lo hicieras. El árbol no puede ser cortado impunemente, sin pedirle permiso. La tierra no puede ser sacada de un lugar para utilizarla en otro sin pagar algunos precios. Todo lo que haces a los demás seres y a la naturaleza te lo haces a ti.
Mediante la meditación, se me ha ido revelando el misterio de la unidad. Por supuesto que a bucear en el océano de la unidad no se llega sin chapotear durante largo tiempo en las charcas de la división. El agua que no corre se estanca, se pudre y huele mal; eso lo sabemos todos. Pero también se pudre y huele mal toda vida que no fluye. Nuestra vida solo es digna de este nombre si fluye, si está en movimiento.
Sea por cobardía o por pereza, sin embargo, o incluso por inercia —aunque casi siempre es el miedo lo que mayormente nos paraliza—, todos tendemos a quedarnos quietos y, todavía más, a encastillarnos. Encastillarse no es solo quedarse quieto; es dificultar cualquier movimiento futuro. Buscamos trabajos que nos aseguren, matrimonios que nos aseguren, ideas firmes y claras, partidos conservadores, ritos que nos devuelvan una impresión de continuidad… Buscamos viviendas protegidas, sistemas sanitarios bien cubiertos, inversiones de mínimo riesgo, ir sobre seguro…
Y es así como el río de nuestra vida va encontrando obstáculos en su curso, hasta que un día, sin previo aviso, deja de fluir. Vivimos, sí, pero muy a menudo estamos muertos. Nos hemos sobrevivido a nosotros mismos: hay bio-logía, pero no biografía.