El viaje a Kenya, Uganda y República Centroafricana será el primero de Bergoglio al continente, pero la atención por el «pulmón espiritual de la humanidad» ya la ha demostrado en varias ocasiones (Davide Maggiore, vaticaninsider 7/11/2015)

La visita del Papa a África, del 25 al 30 de noviembre

«Proclamar sin miedo este Evangelio de esperanza, llegando el mensaje del Señor en la incertidumbre de nuestro tiempo, predicando infatigablemente el perdón y la misericordia de Dios». En estas palabras (dirigidas a los obispos de Zimbabwe durante su visita ‘ad limina’ en junio de 2014) también está el sentido de la inminente visita africana de Papa Francisco. Seis días, del 25 al 30 de noviembre, y tres países (Kenya, Uganda y la República Centroafricana): este es el programa oficial dado a conocer por el Vaticano, después de que durante meses se hablara de una visita más breve y sin la etapa en Kenya.

Las pocas horas de permanencia y el hecho de que la decisión llegara solamente durante el tercer año de Pontificado fueron circunstancias que indujeron a algunos a pensar, en ese entonces, en una Iglesia africana paradójicamente menos importante a los ojos del primer Pontífice del sur del mundo con respecto a lo que era para sus predecesores europeos. En realidad, los desafíos del «pulmón espiritual de la humanidad» (como la definió Benedicto XVI) siempre han estado presentes en la mente de Jorge Mario Bergoglio, porque son, en buena parte, los de la Iglesia universal. No es casual, por ejemplo, que al denunciar el efecto negativo de la globalización sobre las raíces culturales de muchos países, la exhortación apostólica «Evangelio gaudium» citaba las palabras de los obispos africanos, que veían sus países transformarse en «pedazos de un mecanismo, partes de un engranaje gigantesco».

Convivencia e islam

Pero África, para Francisco, no es solamente el África de la negatividad, de los llamados, tantas veces repetidos durante el Pontificado, por el fin de los conflictos y por la atención hacia las emergencias sanitarias, como la epidemia del Ébola, o emergencias sociales, como las migraciones masivas. El continente, efectivamente, es también el lugar de una fe viva, que puede representar un signos de unidad, como recordó en su discurso dirigido a los obispos de Senegal, Mauritania, Cabo Verde y Guniea-Bissau (el 10 de noviembre de 2014). Obispos, explicó Francisco, provenientes de «países diferentes según la lengua y la geografía, la cultura y la historia, pero que sienten la necesidad de encontrarse y de apoyarse recíprocamente en el ministerio». «Es importante -prosiguió el Papa- que puedan manifestar esta comunión en la diferencia, que es, ya de por sí, un auténtico testimonio de Cristo resucitado, en un mundo en el que demasiados conflictos dividen a los pueblos».

Un concepto que fue retomado en el encuentro con los responsables de las diferentes denominaciones católicas de Etiopía  y Eritrea (el 9 de mayo de 2014): dos países en conflicto entre sí, pero en los que «la Iglesia, unida en el Espíritu, respira con dos pulmones de Oriente y de Occidente y arde de amor por Cristo». También este concepto fue retomado en el discurso a los obispos de Zimbabwe, a los que encomendaba una misión casi política: «Los cristianos son perseguidos en todas las partes del conflicto en Zimbabwe, y por ello los exhorto a guiar a todos con gran ternura hacia la unidad y la cura […] Juntos, como un único pueblo peregrino de Dios, necesitan conversión y curación». Convivencia es también la que se vive con el Islam, y Francisco está consciente de la importancia de este aspecto, como demuestra haber previsto, durante la etapa en la República Centroafricana, un evento clave dentro de la mezquita principal de la capital Bangui. También el tema del encuentro de la Iglesia con los fieles islámicos africanos ya había sido afrontado por el Santo Padre, que en noviembre de 2014 recordó a los obispos en visita ‘ad limina’: «De la misma manera, el contacto con las demás religiones es una realidad particularmente presente en algunas de sus diócesis, puesto que el Islam en ellas es fuertemente mayoritario, en condiciones de relaciones recíprocas entre comunidades muy diferentes de un lugar a otro. Creo que es importante que los clérigos reciban en el seminario una formación más estructurada, para desarrollar en el lugar un diálogo constructivo con los musulmanes, dialogo cada vez más necesario para vivir con ellos una cohabitación pacífica».

Sacerdotes, periferias y familias

Dirigiéndose a los obispos de Senegal, Mauritania, Cabo Verde y Guinea-Bissau, Francisco planteó también un tema que siempre está presente en las que podrían ser definidas sus «catequesis africanas»: la formación de los sacerdotes, mucho más necesaria teniendo en cuenta el aumento de las vocaciones en el continente. Pero, advertía el Papa ese mismo 10 de noviembre de 2014: «el primado de la calidad sobre la cantidad sigue siendo necesario donde sea. Los invito a estar cerca de sus sacerdotes, en particular de los más jóvenes, y asegurarse de que, después de la ordenación, perseveren en la formación permanente así como en la vida de oración, y que se beneficien de un acompañamiento espiritual. Así podrán afrontar los desafíos que se les presentarán: para algunos, cierto aislamiento; para otros, la pobreza material y la falta de recursos; para otros más, la atracción del mundo, y así sucesivamente».

Lo mismo vale para los fieles laicos: «Muchos -especialmente los pobres en su lucha por la supervivencia- son desviados por promesas vacías en falsas enseñanzas que parecen ofrecer un alivio rápido en momentos de desesperación», anotó Francisco hablando con los obispos de Zambia el 17 de noviembre del año pasado. Pero África tiene un recurso contra estos peligros: la evangelización, que «no es solo un importante evento del pasado, sucede cada día con el trabajo pastoral de la Iglesia en las parroquias, en las iniciativas sanitarias, en las catequesis y en la vida de los cristianos comunes», como reconoció al recibir a los obispos de Tanzania el 7 de abril de 2014.

Francisco invita, pues, a poner atención principalmente en dos aspectos. Sobre todo las periferias de la sociedad: «El compromiso en las obras sociales es parte integrante de la evangelización, puesto que existe un nexo íntimo entre la evangelización y la promoción humana», recordó el Papa a los obispos de Camerún (el 6 de septiembre de 2014). Y también está la familia. Un argumento en el que, incluso en ocasión del último Sínodo de octubre, se ha querido contraponer la visión de Bergoglio con la visión de muchos religiosos africanos. Sin embargo, en el discurso a la Conferencia Episcopal de Zambia, el obispo de Roma dijo que deben cuidar, «en tiempo oportuno y no oportuno», y apoyar «a este ‘santuario de la vida’ que es la familia, puesto que es desde aquí que el bienestar de la Iglesia en Zambia debe crecer y ser promovido». Los valores familiares que forman parte del Evangelio de esperanza que Francisco pide que África anuncie, como insistió frente a los obispos de Malawi el 6 de noviembre de 2014: «No hay casi contribución más grande que la Iglesia pueda dar al futuro de Malawi, y de hecho al propio desarrollo, que el de un atento y alegre apostolado a las familias».