Probó con sus escritos la veracidad del hallazgo y desautorizó la opinión de antiguos opositores.
Un sacerdote francés, el también científico Henri Breuil, demostró en 1902 la autenticidad de las pinturas rupestres de Altamira, frente a la opinión dominante entre los arqueólogos.
En Santillana del Mar (Cantabria), lugar de filmación de la película Altamira, el actor Antonio Banderas, que encarna a Marcelino Sanz de Sautuola –descubridor de las cuevas–, aludió a la intransigencia de la Iglesia por no reconocer la veracidad de las pinturas rupestres. Banderas parece desconocer que fue el sacerdote Henri Breuil, el mayor experto en arqueología de su tiempo, quien en 1902 reivindicó la autenticidad del hallazgo y cambió la opinión de los paleontólogos de la época, como Cartailhac, Mortillet y Harlé, que lo calificaban de fraude.
La Capilla Sixtina del Paleolítico, Patrimonio de la Humanidad desde 1985, fue descubierta en 1868 por el cazador Modesto Cubillas, quien no le dio importancia por ser zona de abundantes oquedades. De igual parecer fue su patrón, Sautuola, que siete años más tarde encontró algunas marcas negras a las que no otorgó relevancia. Pasaron otros cuatro años hasta que volvió al lugar con su hija María, de nueve años. La niña se adentró hasta una sala lateral en la que vio unas pinturas en el techo y fue a decírselo a su padre, quien –imaginamos– quedaría boquiabierto al verlas.
Sautuola, erudito en Prehistoria, publicó en 1880 un estudio sobre el hallazgo, pero los expertos arriba citados lo acusaron de haberlas pintado él. La defensa del especialista español Vilanova, quien reconoció desde el principio la autenticidad del descubrimiento, no evitó la descalificación de Altamira por parte de los asistentes al Congreso Internacional de Antropología y Arqueología de 1880.
Sautuola murió en 1888 con el dolor de las injurias recibidas, y no pudo alegrarse cuando, en 1902, el sacerdote Henri Breuil descubrió Altamira, probando con sus escritos la veracidad del hallazgo y arrastrando la opinión de antiguos opositores. La reputada opinión del abad Breuil en Prehistoria hizo que Cartailhac reconociera su error en La grotte d’ Altamira. Mea culpa d’un sceptique (La cueva de Altamira. Mea culpa de un escéptico).
