El Papa: Jesús no acepta la lógica que siempre excluye al más débil
Francisco celebra la misa en la Plaza del Cristo Redentor de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, e inaugura el V Congreso Eucarístico Nacional, releyendo el Evangelio de la multiplicación de los panes y de los peces (vaticaninsider, Andrea Tornielli, Santa Cruz de la Sierra)
En el mundo de hoy «pretende imponerse» una lógica «que busca transformar todo en objeto de cambio, de consumo, todo negociable. Una lógica que pretende dejar espacio a muy pocos, descartando a todos aquellos que no “producen”, que no se los considera aptos o dignos porque aparentemente “no nos dan los números”. Jesús una vez más vuelve a hablarnos y nos dice: No es necesario que se vayan, denles ustedes de comer».
Francisco celebra la Misa inaugural del V Congreso Eucarístico Nacional en Santa Cruz de la Sierra, la ciudad más poblada de Bolivia y nuevo centro económico, dividida en sectores concéntricos llamados anillos, que se extiende por 17 kilómetros. La Plaza del Cristo Redentor, una enorme escultura de bronce del artista Amilio Luján que representa a Jesús con los brazos elevados hacia el cielo, está llena de una multitud. En la zona, con las calles aledañas que dan a ella, caben alrededor de dos millones de personas.
Antes de llegar al altar, Francisco recorre las calles de la ciudad saludando y abrazando, mientras todos lo acogen cantanto «Francisco de los pobres».
El cielo está un poco nublado, hace frío. En la Misa se reza en guaraní, español, quéchua y aymara, en un país que tiene 36 lenguas indígenas.
Francisco comenta el Evangelio que habla sobre la multiplicación de los panes y los peces, con los que sus discípulos lograron mitigar el hambre de 4 mil personas. «En el Evangelio que acabamos de escuchar se nos describía una situación bastante similar a la que estamos viviendo ahora», indica el Papa.
Francisco dice haber visto en estos días «a muchas madres cargando a sus hijos en las espaldas. Como lo hacen aquí tantas de ustedes. Llevando sobre sí la vida, el futuro de su gente. Llevando sus motivos de alegría, sus esperanzas. Llevando la bendición de la tierra en los frutos. Llevando el trabajo realizado por sus manos». Pero también llevan sobre los hombros «desilusiones, tristezas y amarguras, la injusticia que parece no detenerse y las cicatrices de una justicia no realizada. Cargando sobre sí, el gozo y el dolor de una tierra. Ustedes llevan sobre sí la memoria de su pueblo. Porque los pueblos tienen memoria, una memoria que pasa de generación en generación, una memoria en camino».
A menudo, añade Bergoglio, experimentamos «el cansancio de este camino. No son pocas las veces que faltan las fuerzas para mantener viva la esperanza. Cuántas veces vivimos situaciones que pretenden anestesiarnos la memoria y así se debilita la esperanza y se van perdiendo los motivos de alegría. Y comienza a ganarnos una tristeza que se vuelve individualista, que nos hace perder la memoria de pueblo amado, de pueblo elegido. Y esa pérdida nos disgrega, hace que nos cerremos a los demás, especialmente a los más pobres».
Así pues, puede suceder lo que sucedió a los discípulos, que, al ver la cantidad de gente hambrienta, le pidieron a Jesús que la echara porque no había qué comer. «Frente a tantas situaciones de hambre en el mundo podemos decir: “No nos dan los números, no nos cierran las cuentas”. Es imposible enfrentar estas situaciones, entonces la desesperación termina ganándonos el corazón. En un corazón desesperado es muy fácil que gane espacio la lógica que pretende imponerse en el mundo de nuestros días. Una lógica que busca transformar todo en objeto de cambio, de consumo, todo negociable. Una lógica que pretende dejar espacio a muy pocos, descartando a todos aquellos que no “producen”, que no se los considera aptos o dignos porque aparentemente “no nos dan los números”. Jesús una vez más vuelve a hablarnos y nos dice: No es necesario que se vayan, denles ustedes de comer».
«Jesús –repite el Papa– nos sigue diciendo en esta plaza. Sí, basta de descartes, denles ustedes de comer. La mirada de Jesús no acepta una lógica, una mirada que siempre «corta el hilo» por el más débil, por el más necesitado. Tomando «la posta» Él mismo nos da el ejemplo, nos muestra el camino. Una actitud en tres palabras, toma un poco de pan y unos peces, los bendice, los parte y entrega para que los discípulos lo compartan con los demás. Ese es el camino del milagro. Ciertamente no es magia o idolatría».
Francisco después subrayó las tres acciones mediante las que «logra transformar una lógica del descarte en una lógica de comunión, de comunidad». La primera es «tomar»: «tomar muy en serio la vida de los suyos. Los mira a los ojos y en ellos conoce su vivir, su sentir. Ve en esas miradas lo que late y lo que ha dejado de latir en la memoria y en el corazón de su pueblo. Lo considera y lo valora. Valoriza todo lo bueno que pueden aportar, todo lo bueno desde donde se puede construir. Pero no habla de los objetos, o de los bienes culturales, o de las ideas; sino de las personas. La riqueza más plena de una sociedad se mide en la vida de su gente, se mide en los ancianos que logran transmitir su sabiduría y la memoria de su pueblo a los más pequeños».
La segunda acción es «bendecir»: Jesús «Sabe que estos dones son un regalo de Dios. Por eso, no los trata como “cualquier cosa” ya que toda esa vida, es fruto del amor misericordioso. Él lo reconoce. Va más allá de la simple apariencia, y en este gesto de bendecir, de alabar, pide a su Padre el don del Espiritu Santo. El bendecir tiene esa doble mirada, por un lado agradecer y por otro el poder transformar. Es reconocer que la vida, siempre es un don, un regalo que puesto en las manos de Dios, adquiere una fuerza de multiplicación. Nuestro Padre no nos quita nada, todo lo multiplica».
Y la tercera acción es «entregarse». La bendición «siempre es misión, tiene un destino, compartir, el condividir de lo que se ha recibido, ya que sólo en la entrega, en el com-partir es cuando las personas encontramos la fuente de la alegría y la experiencia de la salvación». Las manos «que Jesús levanta para bendecir al Dios del cielo son las mismas que distribuyen el pan a la multitud que tiene hambre. Podemos imaginar cómo iban pasando de mano en mano los panes y los peces hasta llegar a los más alejados. Jesús, logra generar una corriente entre los suyos, todos iban compartiendo lo propio, convirtiéndolo en don para los demás y así fue como comieron hasta saciarse, increíblemente sobró: lo recogieron en siete canastas. Una memoria tomada, bendecida y entregada siempre sacia a un pueblo».
La Eucaristía, concluyó Papa Francisco, es «Pan partido para la vida del mundo», como indica el lema del V Congreso Eucarístico. Es «Sacramento de comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento y nos da la certeza de que lo que tenemos, lo que somos, si es tomado, bendecido y entregado, con el poder de Dios, con el poder de su amor, se convierte en pan de vida para los demás».
Para esta misa del Papa, se utilizó el espacio de un Burger King, que hoy estuvo cerrado al público, como sacristía
