Annalena Tonelli.

Grito el Evangelio con mi vida y quiero continuar a gritarlo hasta el final.

Annalena Tonelli (16)El 5 de octubre se celebró el décimo aniversario del “martirio” de Annalena Tonelli, misionera católica italiana, la “Madre Teresa” del pueblo somalí. Era una mujer extraordinaria, que ha vivido en silencio, durante 35 años, la radicalidad evangélica en tierra musulmana, totalmente consagrada a los más pobres. Fue asesinada el 05/10/2003. Annalena nunca le ha gustado hablar de sí misma, pero con motivo de una conferencia sobre el voluntariado, dio este hermoso, extraordinario y conmovedor testimonio (30 de noviembre 2001). Para facilitar la lectura hemos dividido el texto en capítulos.

He tomado la decisión de vivir para los demás.

Annalena Tonelli (4)Me llamo Annalena Tonelli. He nacido en la ciudad de Forlí, en Italia, el 2 de abril del 1943. Trabajo en el campo de la sanidad pero no soy médico. Me he graduado en abogacía en Italia. Estoy habilitada para la enseñanza del idioma inglés en las escuelas superiores en Kenia.

He conseguido certificados y diplomas para el control de la tuberculosis en Kenia, de Medicina tropical y comunitaria en Inglaterra, de leprología en España. He dejado Italia en el mes de enero de 1969.

Desde entonces vivo sirviendo a los somalíes. Han sido treinta años de condivisión. En efecto, siempre he vivido con ellos, con excepción de breves momentos de interrupción en otros países por causa de fuerza mayor.

He tomado la decisión de vivir para los demás desde que era una niña: por los pobres, por los que sufren, por los abandonados, por los que no son amados. He sido siempre así y confío continuar a ser así hasta los últimos días de mi vida. Quería seguir solamente a Jesucristo. No me interesaba otra cosa: EL y los pobres en EL. Por EL he tomado esta decisión de una pobreza radical…a pesar de que pobre como un verdadero pobre, como aquellos pobres que llenan mi jornada de trabajo, yo nunca podré ser.

Vivo sirviendo sin un nombre, sin la seguridad de un orden religioso, sin pertenecer a ninguna organización, sin tener un sueldo, sin tener derecho a ninguna jubilación para cuando me pondré vieja. No soy casada porque esta ha sido mi decisión cuando era joven. He querido dedicar toda mi vida a Dios. Ha sido una exigencia de mi forma de ser la de no tener una familia para mí sola. Y así ha sido gracias a Dios.

Tengo amigos que me ayudan a mi y a mi gente desde hace más de treinta años. Y he podido hacer todo lo que hice gracias a ellos, sobre todo a los amigos del Comité por la lucha contra el hambre en el mundo de Forli. Lógicamente, hay otros amigos en distintas partes del mundo. No podía ser de otra forma.

Las necesidades son muchas. Le doy gracias a Dios por esos amigos que me ha dado y que sigue dándome. Ellos y yo somos una sola cosa, por dos caminos aparentemente distintos pero con el mismo fin: luchamos para que los pobres puedan ser liberados, luchamos por la igualdad de los hombres y para que TODOS puedan ser una  sola cosa.

Me fui de Italia después de haber dedicado seis años al servicio de los pobres en uno de los barrios marginales de mi ciudad natal, al servicio de los niños abandonados, a las niñas con hándicap , a los pobres del tercer mundo gracias a las actividades del “Comité por la lucha contra el hambre en el mundo”, comité a cuya creación he colaborado en parte.

Estaba convencida que si me hubiese quedado en mi país, no hubiera podido “donarme” por completo, que los límites de mi acción hubieran quedado demasiado estrechos, entendí muy temprano que se puede servir a los demás y amar donde quiera pero ya estaba en África y sentí en las fibras más íntimas de mi alma que era DIOS el que me había llevado allí y gracias a eso permanecí con alegría y le di siempre gracias a EL.

Me fui decidida a proclamar el Evangelio a través de mi vida siguiendo el camino de Charles de Foucauld, que había entusiasmado mi existencia.

Treinta y tres años después, grito el Evangelio con mi vida y quiero continuar a gritarlo hasta el final. Esta es mi motivación de fondo junto a una pasión invencible y desde siempre por el hombre herido y menospreciado sin haberlo merecido, más allá de su raza, de su cultura, de su fe.

Vivo con los pobres, con los enfermos, con los que nadie ama.

Annalena Tonelli (20)Trato de vivir respetando a los “otros” que me ha dado el Señor. He asimilado hasta donde ha sido posible, su estilo de vida. Vivo una vida muy sobria en mi habitación, en la forma de comer, en los medios de transporte, en mi forma de vestir. He renunciado espontáneamente a las costumbres occidentales. He buscado el diálogo con todo el mundo. He dado atención: amor, fidelidad y pasión. Y que el Señor me perdone si digo palabras demasiado grandes.

He vivido prácticamente siempre con los somalíes, antes con los somalíes del Noreste del Kenia, luego con los somalíes de la Somalia. Vivo en un mundo estrictamente musulmán. Los únicos frailes y monjas presentes en Somalia, desde la época de Mussolini hasta la guerra civil de hace 11 años, han sido aceptados exclusivamente para el servicio religioso a los italianos.

He vivido los últimos cinco años en Borama, ubicado en el extremo Noroeste del país, colindando con Etiopía y Djibouti. En esa zona no hay ningún cristiano con el cual poder compartir. Dos veces por año – cerca de Navidad y de la semana santa – el obispo de Djibouti viene para celebrar la santa Misa para mí.-

Vivo sola porque las compañeras de camino que, junto a los pobres han hecho de mi vida un paraíso en la tierra durante mis 17 años transcurridos en el desierto, se han dispersado después de que, en 1.984, tuve que dejar  Kenia.

El gobierno de Kenia intentó cometer un genocidio matando a una tribu de nómades en el desierto. Tenían planeado matar a más de cincuenta mil personas. Han matado a mil porque yo logré impedir que llevaran a término esa masacre. Por eso, después de un año he sido deportada. Me callé, en nombre de aquellos pequeños que habían quedado en la casa y que con toda seguridad ellos hubieran matado si yo hubiese hablado.

En cambio hablaron los somalíes con una sola voz y lucharon para que se supiera toda la verdad sobre el intento del genocidio. Han pasado 16 años y el gobierno de Kenia ha admitido públicamente toda su culpa, ha pedido perdón, ha prometido recompensas e indemnizaciones para los familiares de las víctimas.

Los medios de comunicación y la BBC han comentado mi intervención. Y hoy día muchos de los somalíes que tenían rencor y hasta odio hacia mí, me han aceptado y se han convertido en mis amigos. Hoy saben que estaba dispuesta a entregar mi vida por ellos y que he arriesgado mi vida por ellos.

Cuando la masacre, he sido detenida y llevada ante la Corte marcial….las autoridades, parte somalíes y parte cristianos, me dijeron que me habían tendido dos emboscadas a las cuales, gracias a Dios, había logrado escapar pero que con toda seguridad no me hubiera salvado de una tercera… y luego, uno de ellos, un cristiano practicante, me preguntó que es lo que me llevaba a comportarme de esa manera.  Le contesté que lo hacía por Jesucristo el cual pide que demos la vida por  nuestros amigos.

He podido experimentar a lo largo de mi existencia que no hay mal ni verdad que no salga a la luz. Lo importante es continuar a luchar como si ya se supiera la verdad, como si los abusos no nos tocaran, como si el mal no triunfara. Y un día, el menos esperado, el bien triunfará.

A DIOS le pedimos la fuerza para saber esperar, porque puede ser larga la espera…inclusive hasta después de nuestra muerte física.

Yo vivo en la espera de DIOS  y entiendo que la espera de las cosas de los hombres, me pesa menos que a otras personas.

Vivo de una manera muy profunda con los pobres, con los enfermos, con los que nadie ama. Me ocupo principalmente de controlar y de curar a los enfermos de tuberculosis.

Me fui a Kenia como docente porque era el único trabajo que, comenzando una experiencia tan nueva y tan fuerte, yo podía hacer decentemente sin causar daño a nadie. Han sido momentos muy intensos porque tenía que preparar las lecciones con mucha dedicación en el pleno convencimiento de que el estudio del idioma local, de las tradiciones y de la cultura era el único medio para crecer y liberarse.

Los estudiantes, muchos coetáneos e inclusive menores que yo que, al comienzo habían protestado con el director cuando se enteraron de la presencia de una mujer como docente, alegando que habrían hecho lo imposible para impedirlo. Luego pero quedaron completamente involucrados y motivados. Los resultados han sido excelentes al punto que muchos estudiantes de aquel entonces, hoy desempeñan cargos de responsabilidad en varios Ministerios, en el Gobierno, en las actividades privadas del país y con frecuencia me llegan noticias de que todos los estudiantes del Noreste de aquellos tiempos cuentan con orgullo que yo he sido su maestra…cosa, a veces, incierta. Recuerdo que después de mi llegada me “enamoré” de un niño enfermo de “Sickle cell” y de hambre. Era la época de una terrible carestía y vi a mucha gente morir de hambre.

A lo largo de mi existencia he sido testigo de otra carestía – diez meses de hambre a Merca, en la zona sur de Somalia – y les puedo decir que se ha tratado de experiencias tan traumatizantes que hasta pueden poner en tela de juicio la propia Fe. En aquella época, catorce niños vivían conmigo enfermos de…hambre.

Doné mi sangre para aquellos niños y le pedí a mis estudiantes que hicieran lo mismo. Uno de ellos donó y después muchos otros, logrando con eso vencer todos los prejuicios de un mundo que, para aquel entonces, parecía ignorar toda forma de piedad y de solidaridad. Creo que ha sido mi primera experiencia en la cual, inclusive en un contexto islámico, “el Amor ha engendrado Amor”.

Mi primer amor.

Sin embargo mi primer amor han sido los enfermos de tuberculosis, la gente más abandonada, más rechazada, más apartada. La tuberculosis, desde hace más de medio siglo, cobra infinidades de víctimas en Somalia. Se calcula que hoy día, prácticamente toda la población está infectada. Gracias a Dios, solamente en un reducido porcentaje de las personas infectadas, la tuberculosis hace su curso.

Estaba en Wajir, un pueblo desolado en pleno desierto del Noreste del Kenia, cuando conocí a los primeros enfermos de tuberculosis, me enamoré de ellos y fue un amor para toda la vida. Los enfermos estaban recluidos en un departamento para… desesperados. Y lo que me causaba un dolor inmenso era su abandono, su sufrimiento sin ningún tipo de consuelo.

Yo no sabía nada de medicina. He comenzado llevándoles el agua que caía del cielo y que yo recogía del techo della bella casa que el gobierno me había asignado como docente. Les llevaba los pipotes llenos de agua dulce reemplazando los de ellos que tenían agua salada. Nos entendíamos por señas y parecían hasta molestos por la presencia de aquella joven mujer blanca cuya presencia parecía molestar. Todo estaba en mi contra. Yo era muy joven y, por lo tanto, no merecía ní respeto ní ser escuchada. Era una mujer blanca y por ende menospreciada por aquella raza que se considera superior a todo el mundo: blancos, negros, amarillos y cualquiera perteneciente a una nacionalidad que no fuese la de ellos. Era una mujer cristiana y por consiguiente despreciada, rechazada, no querida. Todo el mundo estaba convencido de que yo había ido a Wajir solamente para hacer proselitismo. Y además no estaba casada, algo realmente absurdo en aquel mundo donde el celibato no es un valor para nadie. ¡Es más, “no es un valor”!

Treinta años después, por el hecho de que todavía soy soltera, todo el mundo somalí que no me conoce bien me mira con lástima y hasta con desprecio.

Solamente el que me conoce bien dice y repite sin cansarse “que yo soy somalí al igual que ellos y que soy madre de todos aquellos que he salvado, curado y ayudado, dejando de lado la realidad de que yo, madre natural, no soy ni seré nunca.

En seguida empecé a estudiarlos, a observarlos, estaba cada día con ellos, les servía la comida sobre sus propias rodillas, estaba cerca de ellos cuando se enfermaban y no tenían a nadie que se ocupara de ellos, que los mirara en los ojos, que les diera fuerza.

Al poco tiempo, en la T. B. Manyatta (pueblo) cada enfermo terminal, quería solamente mi presencia y que no me moviera de su lado para poder morir sintiéndose amado. Cuando el hospital los daba de alta, comenzaba a supervisar sus tratamientos. No había ningún tratamiento que se llevara hasta el final. Eran todos ineficaces al 100%.

En 1976 me propusieron asumir la responsabilidad de un proyecto del OMS para curar la tuberculosis en medio de los nómades, un proyecto pilota para toda África. Me pidieron inventar un sistema para que los enfermos pudieran seguir las terapias contra la tuberculosis cada día y por un período de seis meses.

En efecto, por primera vez en África se pudieron aplicar tratamientos a corto plazo y a un número abierto de enfermos, tratamientos que permitieron a esos enfermos curarse en un período de seis meses mientras antes, para curarse, era necesaria una terapia de 18 meses.

En el mes de septiembre de 1976 decidí invitar a los nómades para que se quedaran en el “Rehabilitation Centre for the Disabled” donde trabajaba junto a las compañeras que durante esos años se habían reunido conmigo, todas voluntarias sin sueldo, todas dedicadas a los pobres y a Jesucristo. Junto a ellas habíamos creado, en poco menos de diez años, un centro para la rehabilitación de todos los poliomielíticos del desierto del Noreste. Éramos una sola familia.

Aceptábamos, además de los poliomielíticos, también casos particularmente graves para curar, para rehabilitar,, criaturas heridas, ciegas, sordas, mudas, personas con hándicap  físico y mental….los muchachos crecían con nosotras, mamás a tiempo completo y todavía hoy para ellos, yo soy un punto de referencia permanente.

Mientras tanto los nómades comenzaron a llegar con sus cabañas amarradas sobre el lomo de los camellos. Desmontaban las esteras, los palos, los mecates y se fajaban a construir su propia cabaña. Durante seis meses se supervisaban los fármacos que tomaban en forma estricta y se hacía el diagnóstico analizando al microscopio la saliva. La suministración de los fármacos era absolutamente regular…casi un milagro para África. Al cabo de seis meses, llegaba la caravana con los camellos y el enfermo curado regresaba en el desierto.

Esta “policy” que el OMS ha llamado DOTS (directly observed therapy short chemotherapy)  se ha convertido en la “global policy” del OMS para el control de la tuberculosis en el mundo y es aplicada en muchos países de África, de Asia, de América y también en la misma Europa, como uno de los mejores sistemas para garantizar la colaboración del enfermo, sin la cual no existe la cura completa y sin la cual la plaga de la tuberculosis continuará extendiéndose en el mundo entero.

El diálogo es “vida vivida”, mejor aún, sin palabras.

Annalena Tonelli (5)Esa de la T.B. Manyatta ha sido una gran aventura de amor, un don de Dios. Ha sido gracias a la T.B. Manyatta y solo en parte al Centro de Rehabilitación – porque los discapacitados en el mundo, cuentan todavía menos que los enfermos de tuberculosis – que la gente comenzó a decir que nosotros también hubiéramos ido al… Paraíso.

Porque durante cinco años nos repetían siempre que nosotros nunca hubiéramos ido al Paraíso porque no decíamos al igual que ellos: No hay otro Dios que no sea Allah y Muhamad es su profeta.

Luego pasó algo muy grave que puso en peligro nuestras vidas y desde entonces la gente comenzó a decir que… con toda seguridad también nosotros hubiéramos ido al Paraíso. Nos indicaban como un ejemplo para seguir. El primero ha sido un viejo jefe que nos quería mucho… Nosotros los musulmanes tenemos la fe – nos dijo un día – pero ustedes tienen el Amor. Ha sido como la época del deshielo. La gente empezó a decir cada día más que “ellos tenían que hacer como nosotros, que tenían que aprender de nosotros.

Diecisiete años más tarde, después de la masacre de Wagalla, un viejo árabe me paró en el centro de una de las calles principales del pueblo, profundamente conmovido porque entre los muertos había muchos amigos suyos y porque me había visto cuando me habían maltratado y pegado porque estaba sepultando a los muertos mientras él, por miedo, no había hecho nada para salvar a los suyos y casi llorando me dijo: En el nombre de Allah, yo te digo que, si seguimos el camino que tú nos ha trazado, también nosotros iremos al Paraíso.

En el pueblo de Borama, adonde vivo hoy, la gente en sus oraciones le pide a Dios para que yo me convierta al islamismo. Y también en otros sitios adonde he ido, la gente rezaba para mi conversión. Con frecuencia me hablan de “eso” pero con mucha delicadeza agregando que “Dios sabe lo que hace y, por lo tanto, yo iré en el Paraíso aun siendo cristiana. No quieren herirme pero quieren que me sienta “asimilada” a ellos, cerca de ellos. Me cuentan cada hadith que el profeta Muhamad, siguiendo las huellas de Issa (Jesús), comía con los leprosos en el mismo plato, le tenía compasión a los pobres y amaba a los pequeños.

En el mes de junio de este año regresé a Italia durante un mes. Llevaba mucho tiempo sin viajar. Para “mi gente” allá en Somalia, ha sido un evento. Muchos han temido que algo o alguien me impidiera regresar y por eso grande ha sido el júbilo cuando me volvieron a ver. Y el sheekh más querido, el que ha sido y sigue siendo el que enseña el Corán a todos los demás sheehk de la zona, en seguida vino a mi oficina y me dijo que cuando yo estaba en Roma – para ellos existe solamente Roma en Italia – ellos estaban felices y compartían, con el pensamiento y con la oración, mi peregrinaje, porque de auténtico peregrinaje se ha tratado. Ellos, continuaba a repetirme Sheehk Abdirahman, justamente muy orgulloso de sus conocimientos, saben que en Roma están sepultados algunos discípulos de Issa (Jesús), su gran profeta. Visitar los sitios del martirio de esos discípulos, es uno de los peregrinajes que cada musulmán quisiera hacer por lo menos una vez en su vida.

Debe ser por eso que ellos sentían como si hubiesen sido ellos mismos que me habían enviado y por eso me esperaban para que les contara y compartiera con ellos mi peregrinaje. En cierta forma, el diálogo con las otras religiones es justamente eso. Es compartir. Casi no hace falta el uso de palabras. El diálogo es “vida vivida”, mejor aún, sin palabras. Por lo menos yo lo vivo así.

Sirvo a los enfermos de rodillas.

Decía que la tuberculosis es un flagelo en el mundo árabe. Piensen que en Borama, un centro con cincuenta mil personas, hemos diagnosticado y tratado mil quinientos enfermos por año, casi el 100% con saliva positiva, sobre todo en los primeros años. Ahora tenemos el problema del AIDS. Han pasado solamente tres años durante los cuales vemos a enfermos con TBC y HIV y el problema está extendiéndose.

El año pasado habíamos bajado a ochocientos enfermos, pero la presencia de HIV está aumentando en forma violenta. En un país como la Somalia, donde la tuberculosis es endémica, la primera infección que los enfermos de HIV reciben es la tuberculosis. Nosotros trabajamos intensamente para que la población tome conciencia del problema y luche con todas sus fuerzas para cambiar y poder así controlar la difusión del HIV.

Comencé hace cinco años con treinta puestos-cama y un número cada día mayor de cabañas para los enfermos graves para los cuales no había una cama en el reparto. Hoy tenemos más de doscientos puestos-cama, ocho repartos nuevos que el UNHCR  ha construido para nuestra gente, un laboratorio construido por el UNDP  y casi cien cabañas para los enfermos que no tienen como ser atendidos en el pueblo. Algunos vienen desde muy lejos, de Etiopía, de Djibouti, de otras partes del país, otros porque han sido rechazado por sus propias familias por estar enfermos. La tuberculosis en Somalia es parte de la gente, de su historia, de su lucha para la existencia. Por eso la tuberculosis es estigma y maldición a un tiempo: signo premonitor de un castigo enviado por Dios por un pecado cometido, abierto o escondido.

En Borama continúa todos los días la lucha por la liberación de la ignorancia, de la esclavitud de los prejuicios. Todavía somos testigos de personas que prefieren no ser diagnosticadas y curadas y que, por lo tanto, prefieren morir con tal de no tener que admitir públicamente que están enfermas de tuberculosis. La lucha entonces tiene que ser llevada adelante por nuestro grupo, ante todo a nivel personal. Con el sistema DOTS, nosotros vemos a los enfermos todos los días, todos los días hablamos con ellos, todos los días nos ocupamos de sus problemas, grandes y pequeños.

Todos los días discutimos con ellos de lo que los mantiene esclavos, infelices, en la oscuridad en la cual viven. Y ellos se liberan, se ponen felices, viven más en la Luz. En el centro T.B. hemos abierto escuelas para los enfermos y para sus amigos: una escuela de Corán, otra de alfabetización, otra para aprender el idioma inglés. Desde hace más de treinta años me ocupo de escuelas: las organizo, si es necesario las construyo, las financio.

La criatura capaz de vivir en DIOS, con toda seguridad vive un evento de gracia. Es indiscutible que con la educación el hombre florece más fácilmente en la criatura capaz   de vivir en DIOS, su creador y dador de bienes. Los enfermos nos llegan como seres mortificados, sufrientes, con miedo, pisoteados, infelices. Después de las primeras semanas de tratamiento, tan pronto se sienten un poco mejor, quisieran escaparse y volver en el desierto, donde sus chivos y sus camellos.

En la “escuela” donde cada día dialogan con el grupo que los sigue, adquieren confianza, entienden la razón por la cual tienen que completar sus curas, de la importancia de asumir los remedios bajo la supervisión del personal, no sufren más, ya no le tienen miedo a la TBC, se curan, se ponen fuertes, más fuertes que sus propios familiares, que sus amigos y conocidos, toman conciencia que la TBC no contagiará a sus hijos o a sus esposas. Antes no sabían ni leer ni escribir, antes no sabían casi nada de su religión, ahora saben, la conocen, aprenden a entender y apreciar los valores universales del bien, de la verdad, de la paz, del abandono a Dios: “Allah ha dado, Allah ha quitado, bendito sea el nombre de Allah”. Aprenden a enfrentar el sufrimiento físico y la muerte, a no temer, a no rechazarla, a aceptarla: ¡Allah existe! ¡Allah sabe, conoce, guía! Hablamos siempre sobre eso y cada día, nos consolamos recíprocamente, hallamos fuerza y confianza en esa consciencia adquirida y conquistada cada día y la vida de ellos cambia así como la nuestra al tomar consciencia de la presencia de Dios en nuestras vidas.

“Era ciego y ahora veo”…

A los seis meses ha habido enfermos que han pedido ser admitidos a continuar frecuentando el curso para completar la enseñanza y el estudio del Corán y todos se sienten orgullosos de sus conquistas, de haber crecido como hombres.

Mientras tanto yo comparto su vida, me ocupo de todos los aspectos de sus tratamientos médicos, estudio cada día los libros de medicina para aprender a curarlos, busco médicos y enfermeros, trato de conseguir dinero porque yo no tengo acceso a los fondos de las ONG siendo una persona sola sin mayor organización, sirvo a los enfermos de rodillas, doy lecciones al grupo de enfermeros para sensibilizarlos, para que sean más atenciosos, más capaces de solicitud, más capaces en el aspecto profesional. Y es justamente gracias a un grupo sensible y atento, atencioso, que en el T.B. Centre hemos hecho también una clínica para los epilépticos y para los enfermos mentales.

Son los “endemoniados” de este mundo. Nos los traen en cadenas, sucios y también con sus propios excrementos, muchas veces gritando. A los pocos días de tratamiento y de solicitud ya se liberan de las cadenas, empiezan a lavarse, poco a poco toman sus fármacos sin necesidad de nadie, lentamente se convierten en “personas normales”.

Y es gracias a dos enfermeras obstétricas de mi grupo y dos “sheekhs”, los más queridos y res­petados que trabajan en estrecha colaboración con nosotros, que conducimos una campaña en contra de la mutilación genital femenina y de la infibulación, practica salvaje que se hacía al 100% de las mujeres. Y siempre gracias a ese grupo realmente extraordinario que nos hemos hecho promotores, dos veces por año, de un Eye Camp. Viene un grupo de especialistas de los ojos, amigos desde hace mucho tiempo y en cuatro días operan alrededor de 330 ciegos, sobre todo de cataratas, utilizando la lente intraocular. En el mes de agosto pasado se han superado, ¡operando y devolviendo el don de la vista a 450 ciegos! La gente está inmensamente agradecida por este servicio y nosotros llenamos Borama de banderas con este escrito: “era ciego y ahora veo”…de nuestro pero ellos no lo saben.

En la lejanía hay una luz tan límpida y tan resplandeciente…

Annalena Tonelli (8)Volvamos a la escuela de los niños sordos. Hace cuatro años, el primer niño somalí keniata, sordo de nacimiento, que había llevado a una escuela especial para sordos, en Kenia, ahora ya hombre ha venido a saludarme a Borama después de un viaje venturoso de casi un mes atravesando Kenia y Etiopia. Tenía sus penas de amor y tenía urgencia de hablar conmigo que, en cierta forma, había sido como su segunda mamá y hasta le había ayudado a conseguir una novia.

Resolvió quedarse y juntos hemos organizado una escuela para sordos. Ahora bien, en Somalia nunca había habido una escuela de Educación Especial. Nunca había sido abierta una escuela para niños sordos, para niños ciegos o con algún hándicap mental.

Hubo profesores universitarios que, hasta que no vieron nuestra escuela, no creían posible educar un niño sordo. Nadie aquí lo creía posible! Hoy día todo el mundo sabe que no hay nada que un niño sordo no pueda hacer, no hay nada que un niño sordo no pueda aprender, por supuesto con excepción de oír, no hay nada que un niño sordo no pueda entender. Claro está, el camino es largo pero ya se ve una luz, quizás todavía un poco pálida pero en la lejanía hay una luz tan límpida y tan resplandeciente que nos llena el corazón de júbilo y de gratitud anticipándonos lo que podrá suceder en un día no tan lejano….creando la base para nuevos cielos y para una nueva tierra.

En la escuela nuestra hemos comenzado con tres niños sordos, luego con cinco, más tarde con ocho y con doce…. ¡hoy día ya tenemos cincuenta y dos!

Hemos empezado a enseñar en un cuarto de una casita que yo había alquilado en Borama, luego hemos construido un techo afuera porque los niños aumentaban y por último hemos construido tres cuartos más. Mientras tanto algunos niños con hándicap  físico, víctimas de la polio y de la guerra, han venido a suplicarnos de poderlos recibir alegando que tenían miedo de frecuentar las escuelas para niños normales. Es un mundo duro el nuestro, es el mundo de los fuertes… donde no existe espacio para los débiles.

Hemos decidido recibirlos, les hemos dicho que tan pronto hubiesen adquirido la confianza en sí mismos….el hecho de tomar conciencia de que al igual que los otros y hasta mejor que los otros muy pronto habrían tenido la fuerza necesaria para sentirse como los otros.. Pusimos un excelente maestro para ellos. Mientras tanto, los primeros niños TBC que se habían curado y habían sido dados de alta, después de haber aprendido en las escuelas del TB centre, querían seguir aprendiendo más, muchos de ellos no tenían dinero para pagar los impuestos de la escuela. Y así hemos decidido recibirlos junto a los otros niños que tenían hándicap.

Mientras tanto la gente hablaba cada día más de nosotros, de los “milagros” que se hacían en nuestras escuelas. Debe ser por eso que el Alto Comité para los refugiados se ofreció para construir una verdadera escuela. En 1.998 construyeron clases, una oficina para maestros, un pequeño depósito y los baños. Luego los amigos de Forlí construyeron dos clases más y algunos amigos ingleses protestantes conocidos debido a una serie de circunstancias providenciales, gente humilde y generosa que me pidió no dar tantos detalles cuando relatase adonde he gastado su dinero, construyeron tres clases más y dos baños y por último también los amigos de Forlí construyeron una última clase. Y todavía en el terreno que nos ha donado la comunidad, cabe una clase.

Desde hace dos años hemos recogido treinta niños pertenecientes a un grupo despreciado por los somalíes: son los trabajadores del hierro, del cuero, los barberos, los cazadores de pequeños animales. Nunca habían enviado a sus hijos a la escuela. Viven emarginados, sus hijas no pueden casarse con somalíes pertenecientes a otros grupos, sus hijos no se casan con muchachas de otros grupos. Se sublevan contra DIOS y contra los hombres por su condición de emarginados y de rechazados por la sociedad. Sin embargo son muy trabajadores. Ha pasado que muchos de ellos estuvieran enfermos de TBC y así han tenido la oportunidad de frecuentar la escuela en el centro TB, de madurar, de crecer, de liberarse y por eso ha sido espontáneo para ellos pedirnos que aceptáramos de educar a sus hijos, hijos que desde hace siglos están acostumbrados a trabajar desde pequeños y como ningún otro niño se ganan el pan cotidiano con el sudor de su frente.

Luego ha sucedido algo realmente extraño: que algunos “intelectuales” y algunos ricos hayan venido a suplicarnos para que aceptáramos en nuestra escuela a sus hijos…porque es una escuela seria, porque hay disciplina, porque los maestros se dedican con seriedad, porque aman a los niños, aman la enseñanza, se preparan…. y así hemos decidido aceptarlos porque además no son muchos.

‘Ut Unum Sint’ ha sido y es la agonía amorosa de mi vida.

Hoy día la escuela es una mezcla maravillosa de niños de cualquier proveniencia, cada uno con su historia, con su propia capacidad. Los niños sordos lógicamente estudian en clases separadas pero durante los momentos de recreo, los niños sordos y los niños “normales” juegan juntos y esta es una de las experiencias más consoladoras que podamos tener, capaz de llenarnos de esperanza en un mundo en el cual finalmente los hombres quisieran ser y serán una cosa sola. Eso del UT UNUM SINT ha sido y es la agonía amorosa de mi vida, el derretimiento de mi ser. Desde hace una vida que lucho y me derrito, – como decía  Gandi mi gran maestro junto a Vinoba después de Jesucristo, – que trabajo, yo pobre cosa para ser buena, verdadera, no violenta en los pensamientos, en las palabras, en la acción. Desde hace una vida que lucho para que los hombres sean una cosa sola!

Todos los días en el TB Centre nosotros trabajamos para la paz, para que haya comprensión recíproca, para aprender juntos a perdonar… Oh, come es difícil perdonar! A mis hermanos musulmanes le cuesta mucho apreciar esto, a ponerlo en práctica para mejorar su nivel de vida y las relaciones con los demás. Ellos dicen que su religión es así de “fudud” (tan poco exigente). Dios le pide al hombre de perdonar pero si el hombre no es capaz de hacerlo, Dios es igualmente misericordioso.

Todos los días nosotros luchamos para comprender y hacer que los demás comprendan que la culpa nunca está de una sola parte sino de ambas partes, razonamos juntos, nos esforzamos para tratar de ver lo positivo que hay en el otro, nos miramos en la cara, en los ojos porque queremos que se haga verdad…

El grupo mío ha aprendido a reír de sus propios límites, de sus mezquindades, de su mentalidad “monetaria”, de la dureza de su propio corazón, de la sed de vengarse cuando son heridos…y todas esas son cosas que hacen que el perdón sea más difícil. Allah no quiere todo eso aunque Allah sea inmensamente misericordioso.

Yo, por mi parte, desde hace tiempo he aprendido – o mejor dicho he entendido en lo profundo de mi ser – que cuando algo no funciona – falta de comprensión, ofensas, injusticias, enemistades, persecuciones, divisiones – con toda seguridad la culpa es mía y que con toda seguridad en algo me he equivocado.

Arrodillado frente a Dios, es fácil la búsqueda de mi culpa, no hace falta tiempo, ciertamente causa dolor pero soportable porque luego es tan bello y tan grande reconocer su propia culpabilidad y luchar para que la culpa se borre, para que los comportamientos equivocados sean corregidos, para que, en nuestras relaciones, el encuentro con el otro sea positivo. ¡Nuestra tarea en la tierra es hacer vivir! Y la vida con toda seguridad no es la condena, los “ius belli”, la acusación, la venganza, el meter el dedo en la llaga, el evidenciar los errores y las culpas de los demás, el mantener escondida nuestra culpa, la falta de paciencia, la ira, la celosía, la envidia, la desesperanza, la falta de confianza en el hombre. La vida es esperar siempre, y contra toda esperanza, echarse al hombro nuestras miserias, no fijarse en las miserias de los demás, ¡creer que Dios existe y que es un Dios de Amor!

Que nada nos turbe y siempre adelante con Dios. Con toda seguridad no es fácil, más bien puede ser una empresa titánica creer y pensar así. En cierta forma es talmente oscura la fe, esta fe que ante todo es un don y una gracia y una bendición.. ¿Por qué yo y no tú? ¿Por qué yo y no ella, y no él, y no ellos?

Nada tiene sentido fuera del amor.

Annalena Tonelli (15)Sin embargo la vida tiene sentido solamente si se ama. Nada tiene sentido fuera del amor. En mi vida he vivido cantidad de peligros, he corrido mil veces el riesgo de morir. Me he encontrado durante años en plena guerra. He experimentado en la carne de los míos, de los que yo amaba y, por lo tanto, en mi propia carne, la maldad del hombre, su perversidad, su crueldad, su iniquidad. Y llegué a la conclusión inquebrantable que lo único que vale es AMAR.

Aunque Dios no existiera, el amor por sí solo tiene sentido, solo el amor hace respirar, crecer, florecer, solamente el amor hace que nosotros no le tengamos más miedo a nada, que pongamos la otra cara, – la que todavía no está herida, – a las ofensas, a los golpes de los que nos quieren pegar… porque no saben lo que hacen, solamente el amor hace que arriesguemos la vida por nuestros amigos, que aguantemos todo… que tengamos siempre esperanza.

Y entonces sí nuestra vida es digna de ser vivida, porque se convierte en belleza, en gracia, en bendición, se convierte en felicidad aún sufriendo, porque nosotros vivimos en nuestra carne, la belleza de vivir y de morir.

Siento con fuerza que todos nosotros somos llamados al amor y, por ende, a la santidad. La pobre mujer de  Léon Bloy vagaba de puerta en puerta… como un mendigo y decía: Hay solamente una gran tristeza en el mundo. La de no ser santos. Yo amo pensar que hay una sola tristeza en el mundo y es la de no amar, que viene siendo la misma cosa.

Ciertamente tenemos que librarnos de tanto lastre. Por eso hay métodos prácticos, hay distintos caminos, existen indicaciones claras, hay Dios dentro de nosotros que nos llama.

Sin embargo Su voz es pequeña y silenciosa y para poderla oír tenemos que estar en escucha, estar en silencio, tenemos que retirarnos en un sitio tranquilo, separado, aunque a veces y por nece­sidad, cerca de los demás como una mamá que no puede estar demasiado tiempo lejos de sus hijos. En efecto, para amar no siempre es suficiente nuestro corazón, nuestro deseo, nuestra sed de Dios. Es parte de la experiencia del que decide ponerse al servicio de los pobres a sabienda de que no es fácil amarlos, y que el corazón del hombre, también del que dona, puede ser misteriosamente muy duro.

Me pondré de rodillas para bendecir a Dios porque ha hecho cosas muy grandes.

En el pueblo de Wajir éramos una comunidad de siete mujeres y todas, aunque de una manera distinta, teníamos sed de Dios y entendíamos al perder – o a punto de perder – el porqué de nuestro servicio y la capacidad de amar, podíamos encontrar el bien perdido solamente arrodillándonos frente a Dios. Por eso habíamos construido una pequeña ermita adonde ir, por un día o por varios días, a rezarle a Dios. Allí encontrábamos equilibrio, quietud, sosiego, sabiduría, esperanza, fuerza para seguir luchando contra lo que nos mantiene esclavos adentro, que nos mantiene en la oscuridad.

Al salir de allí nos sentíamos como prendidas de un amor renovado hacia todos los que el Señor había puesto en nuestro camino. A veces lo comentábamos entre nosotros…la mayoría de las veces callábamos más el rostro de mis compañeras era tan bello y tan luminoso que, sin decir nada y con la sola mirada, decían todo lo que el pudor impedía comentar con las palabras.

Luego a lo largo de esta ya tan larga vida mía, ha habido otros ermitas, otros silencios, la palabra de Dios, los grandes libros, los grandes amigos, muchos y tantos que han inspirado mi vida, sobre todo en la fe católica: los padres del desierto, los grandes monjes, Francisco de Asis, Clara, Teresa de Lisieux, Teresa de Avila, Charles de Foucauld, padre Voillaume, la hermana Maria, Giovanni Vannucci, Primo Mazzolari, Lorenzo Milani, Gandhi, Vinoba, Pina e Maria Teresa…

Pero al centro de todo siempre estaba Dios y Jesucristo. En realidad nada me importa a parte de Dios y de Jesucristo. Miento, me importan los pequeños, los que sufren, me vuelvo loca por los jirones de la humanidad herida, y más heridos están, más maltratados están, más despreciados, sin voz y emarginados a los ojos del mundo, más los quiero yo. Y este amor es ternura, es comprensión, es tolerancia, es ausencia de miedo, es audacia. Y esto no es un mérito. Sencillamente es una exigencia de mi forma de ser.

Una cosa es cierta y es que en ellos yo veo a EL, el cordero de Dios que sufre en carne propia los pecados del mundo, que se hace cargo de eso, que sufre pero con muchísimo amor. Nadie está afuera del amor de Dios.

Me eché la culpa cien veces por haber aceptado venir acá, frente a ustedes para contarles mi vida. He sido débil y he acatado la forma de pensar de mis amigos que tienen el convencimiento de que, en esta etapa de mi vida, cuarenta años después, es justo y conveniente compartir con los demás los dones de Dios. Y si esta forma mía de “contarles mi vida”, pudiese servir a alguien que no cree, a alguien que no vive esta extraordinaria realidad que Dios ama a cada hombre, desde el más digno de amor a los ojos de los hombres hasta el más desechado y despreciado, al hombre malo, criminal… entonces me pondré de rodillas para bendecir a Dios porque ha hecho cosas muy grandes.

Los hombres perversos, los hombres incapaces de perdonar, que hieren, que quieren la venganza, los hombres falsos no son necesariamente hombres malos e incapaces de perdonar. Son así porque no han encontrado en su camino a una criatura que los sepa comprender, que los sepa amar, que se haga cargo de sus culpas…

¿Tú te has portado mal? Yo pagaré por ti. Así decía Gandhi. Así nos repite Jesucristo desde hace dos mil años. Quien sabe porque los hombres son tan sordos…Ciertamente que Su voz muchas veces es pequeña y silenciosa… pero después EL entra en nuestra alma y no debería ser tan difícil descubrirlo y compartir con EL. ¿Palabras? NO, es la verdad, ¡es la Realidad!

Una cosa es cierta: Para la mayoría de nosotros los hombres, será necesario hacer silencio, quietud, cerrar el celular, “botar” el televisor por la ventana, decidir de una vez por todas de liberarnos de la esclavitud de lo que tiene apariencia y es importante frente a los ojos del mundo pero que no cuenta frente a los ojos de Dios… porque se trata de cosas que no tienen importancia, que no son Valores.

Frente a Dios, nosotros volvemos a encontrar toda la verdad perdida. Todo lo que había caído en la oscuridad vuelve a la luz, todo lo que era tempestad se aquieta y se apacigua, todo lo que parecía un valor mas que valor no era, aparece por lo que realmente es y nosotros nos despertamos frente a la belleza de una vida honesta, sincera, hecha de cosas reales y no de apariencias, entretejida de “bien”, abierta a los demás, en permanente tensión para que todos los hombres sean una cosa sola.

Los musulmanes me han enseñado la Fe.

Annalena Tonelli (6)Ha llegado el tiempo de concluir. A los somalíes he dado mucho. De los somalíes mucho he recibido y el valor más grande que me han dado, valor que todavía soy incapaz de disfrutar en plenitud, es el de una familia grande y abierta por lo cual, por lo menos en el grupo, TODO se comparte. La puerta siempre está abierta para recibir al que quiera entrar. Siempre se comparte la mesa y lo que se ha preparado para diez, será compartido con cualquiera que se presente. Nunca habrá recriminaciones, quejas, victimismos. Compartir con los hermanos, es la cosa más natural del mundo.

En mi mundo, en Borama. el problema más grande es el desempleo. Mucha gente no ha trabajado nunca en su vida… porque nunca ha conseguido. Y es por eso que el que trabaja se encuentra en la obligación de compartir el fruto de su trabajo con veinte o treinta que no han conseguido. Lo bello es que esa situación el que trabaja no la vive como una obligación sino con naturalidad. Allá, compartir es parte de la existencia. Además esa oración cinco veces al día… el hecho de interrumpir lo que uno está haciendo…es darle tiempo y espacio a Dios.

Desde que estoy con ellos – ya son treinta años – me angustio para que nosotros también, en nuestro mundo, interrumpamos nuestros trabajos, nos levantemos si estamos durmiendo y si estamos hablando hagamos un momento de silencio para acordarnos de Dios, mejor si en forma comunitaria, para darle las gracias y agradecerle que de El venimos, en El vivimos y a El regresaremos.

Sin embargo el dono más extraordinario, el dono por el cual estaré agradecida por la eternidad a Dios y a ellos, es el dono de mis nómades en el desierto. Los musulmanes me han enseñado la Fe, el abandono sin condiciones, el rendirme a Dios, pero no en una forma fatalista sino con confianza y con amor hacia Dios.

Mis nómades en el desierto me han enseñado que TODO se hace en el nombre de Dios. “BISMILLAHI RAHMANI RAHIM”.. En el nombre de Dios todopoderoso y misericordioso… Hay que levantarse en el nombre de Dios, hay que lavarse en el nombre de Dios, se limpia la casa, se trabaja, se come, se vuelve a trabajar, se estudia, se habla, se hacen las mil cosas de cada día y finalmente se duerme… siempre y solamente en el nombre de Dios. La costumbre del nombre de Dios, repetido en forma incesante y que ya había trastornado y fascinado mi vida con los cuentos del peregrino ruso antes de mi partida, ha transformado mi vida de una manera definitiva.

Le doy gracias a mis nómades del desierto porque me lo han enseñado. Luego la vida me ha enseñado que mi fe sin Amor es inútil, que mi religión cristiana no tiene tantos mandamientos sino uno solo, que no sirve construir catedrales o mezquitas, ni ceremonias ni peregrinajes…que lo de la Eucaristía que produce tanto escándalo en la gente atea y en las otras religiones, en realidad encierra un mensaje revolucionario: Este es mi cuerpo hecho pan para que todos lo coman en la mesa de los hombres y porque si no comes ese pan que te salva, serás condenado.

Si no amo, Dios se queda sin epifanía.

La Eucaristía dice que nuestra religión es inútil sin el sacramento de la misericordia y que en la misericordia es que el Cielo encuentra la tierra. Si no amo, Dios muere en la tierra. Yo soy la causa de que Dios sea Dios (dice Silesio). Si no amo, Dios se queda sin epifanía porque nosotros somos el signo visible de Su presencia y lo hacemos vivo en este mundo de infierno donde “parece” que El no esté mas lo rendimos vivo cada vez que nos paramos para ayudar a un hombre herido hombre herido.

En fin, yo realmente soy capaz solamente de lavar los pies en todos los sentidos a los marginados, a los que nadie ama, a los que no tienen nada de atractivo en ningún sentido para los ojos de nadie.

Luigi Pintor mal llamado ateo, un día escribió que la cosa más importante en la vida es agacharse para ayudar a otro a levantarse. Lo mismo sucede conmigo. Es cuando me arrodillo para ayudar a otro a levantarse y volver a emprender el camino que estaba recorriendo o – mejor todavía – a emprender una camino nuevo, que encuentro paz, nuevas motivaciones, certeza de que TODO es GRACIA.

Quisiera agregar que esos pequeños, los que no tienen voz, los que no cuentan nada para la gente de este mundo mas muchísimo ante los ojos de Dios y que son sus predilectos, necesitan de nosotros y nosotros tenemos que estar con ellos y para ellos y no tiene ninguna importancia si la acción nuestra es como una gota de agua en el desierto. Jesucristo nunca ha hablado de resultados.

EL solamente ha hablado de amarnos, de lavarnos los pies recíprocamente, de perdonarnos siempre. Los pobres nos están esperando. Las formas de atenderlos son infinitas y dejémoslas a la imaginación de cada quien. No tenemos que esperar indicaciones para eso inventemos… y viviremos nuevos cielos y nueva tierra cada día de nuestra vida.

Annalena Tonelli.